Cuando se mira con fe

Ya sabemos lo que hubieran respondido los nazarenos a la pregunta que Jesús hizo a sus apóstoles: ¿Quién decís que soy yo? (Mt 16, 15). Sin dudarlo, estos hombres dijeron: ¿No es éste el carpintero, el hijo de María?

Y tenían razón. La descripción que hacen de Jesús es muy evocadora para quienes veneramos a san José y a la Virgen santísima. El propio Jesús, al escucharse llamar el carpintero, el hijo de María, habría respondido: «¡Y a mucha honra!».

Por tanto, razón tenían. Lo que no tenían era fe. Porque Jesús es mucho más que el carpintero, el hijo de María. Si todo lo que puedes decir del Señor es eso, quizá me emociones, pero me das lástima. Jesús es Dios de Dios, es el Salvador del hombre, es la misericordia encarnada del Altísimo.

Cuando no se tiene fe, todo se ve a ras de tierra, sin relieve. Jesús es un hombre, la sagrada Hostia es pan, la muerte es pura desgracia, y los sufrimientos infortunios.

¡Bendita fe, que nos permite mirar más allá, y percibir el relieve eterno de cuanto perciben los sentidos! Jesús es Dios, la Hostia es su cuerpo, la muerte puerta, y el sufrimiento cruz.

(TOI04X)