Cuando se apaga la fe

Cuando se apaga la fe, después se apaga la esperanza. Si no crees, ¿por qué esperar? Si tus ojos están ciegos para ver a Dios, ¿con qué luz mirarán el futuro?

– ¿Y por qué no pudimos echarlo nosotros? – Por vuestra poca fe.

Los apóstoles no creían realmente que el demonio pudiese salir del joven, hasta que Jesús lo expulsó. Tampoco el padre del chico llegaba a creer que fuese posible el milagro. En su interior, una voz les gritaba: «Esto no tiene remedio. No tiene remedio». Es la maldita espiritualidad del no-hay-nada-que-hacer.

Es sábado, el día en que el cuerpo de Jesús reposó en las entrañas de la tierra. Sabemos que, en aquel día, muchos apóstoles y discípulos, ante el peso de aquella losa que sellaba el sepulcro, pensaron: «Esto no tiene remedio. No tiene remedio». Un día después, los de Emaús volvían a casa envueltos en aquella maldita espiritualidad del no-hay-nada-que-hacer.

Los ojos de la Virgen, sin embargo, miraban la misma losa, y atisbaban un día muy luminoso que ya se estaba aproximando. Ante el cuerpo muerto y enterrado de su Hijo, María pensaba: «Todo está a punto de comenzar».

Ante lo «irremediable», ten fe. Y aviva la esperanza.

(TOI18S)