Cuando Dios te pone en tu sitio

cananeaEn ocasiones, Jesús podía ser muy duro y distante, como se mostró con esta mujer cananea:

No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos.

Por dentro, el corazón del Señor se derretía. Pero, hacia fuera, Jesús adoptó esa actitud con una intención buena: la de poner a esa mujer en su sitio.

¿Cuál era su sitio? El mismo que el nuestro. No el de quien tiene derecho a exigirle a Dios sus favores, sino el del pecador que, por sus méritos, no merecería ni levantar los ojos al Cielo; y que sólo se atreve a pedir confiando en la infinita misericordia con que el Señor ama a los pecadores. La buena mujer supo ocupar ese lugar con una humildad admirable, y así recibió el favor de Jesús:

Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.

En ocasiones, el Señor también quiere ponerte en tu sitio a ti: ante una humillación, un fracaso, una decepción… No te rebeles cuando ese momento llega. Imita a esta mujer, ocupa tu sitio, levanta al cielo los ojos con humildad, sé humilde, y recibirás el favor de Dios.

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