Corriendo

Cristo no es el repartidor de pizzas. Al repartidor de pizzas lo esperas repantingado en el sofá, con el mando del televisor en la mano. Llega, te da la pizza, y te la comes mientras ves el partido.

Esperar a Cristo así es una irreverencia.

El encuentro con Cristo es un encuentro amoroso. Por eso, el anuncio de su venida alborota al alma y la pone en marcha. Se levanta, se viste sus mejores galas, y sale al encuentro del Señor por los caminos, porque su inquietud no le permite esperarlo en casa.

Venid a mí, nos dice hoy Aquél que ya viene a nosotros. «No os quedéis ahí, salid a recibirme, que vengo encendido en Amor».

Rápido, vístete. Confiesa tus pecados y reviste tu alma con las galas de la gracia. Sal de tu casa, deja atrás tus dolores, tus problemas y tus planes. Y, ahora, con la mirada y la atención puestas en Él por la oración, corre a su encuentro. Si cada día haces un propósito y lo cumples te sentirás más cerca de Él cada noche. Y se cumplirá en ti lo que dice el profeta: Los que esperan en el Señor corren (Is 40, 31).

(TA02X)

“Evangelio