Conviene

os conviene que yo me vayaEse os conviene que yo me vaya, salido de la boca del Señor, es extraño. Nos cuesta entenderlo, porque si algo nos conviene es que Jesús no se marche, que esté siempre con nosotros. Es necesario entender cómo el Señor se ha marchado sin dejarnos solos, y cómo, en esa dolorosa marcha que celebraremos el día de la Ascensión, hemos salido ganando.

Si Jesús no se hubiera marchado, si se hubiera quedado en esta tierra tal como habitó junto a sus discípulos, ¿qué oportunidades habríamos tenido de verlo cara a cara? ¿Tú has visto al Papa? Y, si lo has visto, ¿cuánto tiempo has hablado con él? Yo logré saludar a Juan Pablo II durante algo más de medio minuto.

Jesús se ha marchado, ha renunciado a esa presencia física en el mundo, para volver, por su Espíritu, con una presencia interior que llena el alma. La Ascensión da paso a Pentecostés. Lloran los ojos, porque no lo ven, y los oídos, porque el timbre de su voz lo hemos perdido, pero alcanza el alma en gracia más intimidad de Amor con Cristo que la que hubieran podido darle años de presencia física. Por tanto, aunque nos duela, nos conviene.

(TP06M)