Contemplativos

Joaquín y AnaNos quejamos de la sociedad en que nos ha tocado vivir, y decimos que la gente corre mucho, piensa poco, vive sumida en urgencias, etc. Pero lo cierto es que los hombres y mujeres que nos rodean son muy contemplativos. Pasan horas contemplando, en el televisor, su serie favorita. La cantidad de tiempo que dedican a contemplar el teléfono móvil supera a la que muchos cristianos dedican a la oración. Y muchos gastan una devoción digna de mejor causa en contemplar su cuerpo, su peinado y su índice de masa corporal.

No, si contemplativos son. El problema es que contemplan idioteces. Y nadie puede ser feliz contemplando idioteces. Uno se acaba por asemejar a aquello que contempla.

Bienaventurados vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen.

Joaquín y Ana contemplaron los misterios de Dios en los ojos de su hija, la Virgen. Y ¡qué felicidad, mirar aquella limpieza, aquella hermosura, aquella sonrisa más propia del Cielo que de la Tierra!

Ojalá seas, también tú, muy contemplativo. Y dediques un tiempo generoso, cada día, a meditar los santos evangelios, a mirar con amor al sagrario, y a recorrer, con tus ojos, el crucifijo. Por los ojos entra también la santidad.

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