¿Cómo te quieres a ti mismo?

Quizá te extrañe que Jesús te invite a aborrecerte. Si Él te ama, ¿por qué te pide que te aborrezcas?

El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna.

La respuesta es que «amor» se dice de muchas maneras. El mundo ama según la carne, Dios ama en el Espíritu.

Si te amas según la carne, será la carne lo que ames, con sus pasiones. Buscarás, ante todo, los placeres de este mundo. Aborrecerás el Crucifijo, huirás de la muerte y, al amarte a ti, despreciarás a tu prójimo. Te defenderás de él como de un enemigo, y te atrincherarás en tus falsas seguridades, soñando con eludir la muerte. Pero la muerte, al final, te alcanzará. Si te amas a ti mismo, así, más te valdría aborrecerte.

El santo se ama a sí mismo según Dios. Por eso no teme a la muerte, porque sabe que Dios lo protege. Y, sobre todo, por eso no teme entregar la vida. Sabe que su hogar no está aquí, sino en el cielo; y que, al entregar esta vida, es acogido por Dios en la eterna.

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