Como los rayos del sol

¿Puede uno quedarse en un lugar y, a la vez, salir de él? Puede.

Mira los rayos del sol. Sin abandonar el sol, del que reciben su luz, entran por tu ventana. Así Cristo, sin abandonar el seno del Padre, vino a este mundo y entró en las casas, en las sinagogas y en los corazones que se abrieron a su Amor. Y, en todo momento, dijo: El Padre está en mí y yo en el Padre (Jn 10, 38).

Instituyó doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar. También tú has sido elegido para estar con Cristo, y para salir a proclamar su nombre. Las dos tareas deberás cumplirlas al mismo tiempo.

Algunos creen que se santificarán estando con Él sin salir jamás. Pasan horas en la iglesia. Cuando salen, no salen, porque sólo se reúnen con quienes comparten su fe. Jamás se acercan al pecador para mostrarle el Amor de Cristo.

Y otros, que apenas están con Él, porque no rezan, salen al mundo y se mundanizan, por falta de vida espiritual. Éstos acaban peor que los primeros.

Presencia de Dios y apostolado. Permanece junto a Cristo, y, sin abandonarlo, sal a proclamar su nombre.

(TOP02V)

“Evangelio 2022