Como dos niños bajitos

Tengo devoción a esta fiesta, porque celebramos a dos santos como dos niños bajitos que ocupan, en la clase, los pupitres de la última fila. Ocultos tras sus compañeros de metro ochenta, no hay forma de que los vea el profesor.

Te dicen: «Simón», y piensas en Pedro. Te dicen: «Judas», y piensas en el Iscariote. Pero detrás de Pedro está el Zelote, y detrás del Iscariote está Tadeo. Lo que ocurre es que pasan desapercibidos, porque están «repes».

Simón, al que puso de nombre Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Simón, llamado el Zelote; Judas el de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor.

Tan llamados fueron los unos como los otros. Pero el Zelote y Tadeo (los voy a llamar así para que se los vea) han tenido la ventaja de la discreción.

Si por los santos fuera, todos preferirían pasar desapercibidos. Porque el santo, a semejanza de Jesús, busca los últimos puestos, para cambiar el mundo desde allí. Cuando los santos han tenido fama en este mundo, ha sido siempre a su pesar. Quienes desean brillar sobre la tierra podrán alcanzar el estrellato, pero nunca la santidad.

(2810)