Comienza la ascensión

Pasadas las tres primeras semanas de Cuaresma, aparece en nuestro camino el guía que nos llevará de la mano al Calvario y después nos servirá los dulces manjares de la Pascua: San Juan evangelista. Tomaremos hoy su mano, y ya no la soltaremos hasta Pentecostés.

Señor, baja antes de que se muera mi niño. Como este funcionario, cientos de hombres se acercaron a Jesús para que los librase de la enfermedad y la muerte. Jesús curó a muchos, y al funcionario le dijo: Anda, tu hijo vive. Pero aquellos milagros tenían fecha de caducidad. Todos los curados murieron.

Nosotros, ahora, nos acercamos a Jesús crucificado, cubierto Él mismo de muerte, para que nos libre del pecado y de las penas eternas. Las palabras: Anda, tu hijo vive serán reemplazadas por el hoy estarás conmigo en el Paraíso (Lc 23, 43) prometido al buen ladrón.

Si no veis signos y prodigios, no creéis. El signo que veremos será la Cruz. Y san Juan nos prestará sus ojos para que la fe nos muestre allí el manantial de vida eterna y misericordia que saciará nuestras almas. No retires, en adelante, tu mirada del Crucifijo. Hemos comenzado la ascensión. Nos espera el Amor.

(TC04L)