Come y déjate comer

Cuando alguien me dice que no encuentra tiempo para rezar a lo largo del día, a causa de sus muchas ocupaciones, siempre le pregunto: «Para comer ¿tienes tiempo?». En el 99% de los casos, la respuesta es «sí». Y el 1% restante no me lo creo; basta con mirar al interesado para darse cuenta de que se alimenta bien. Al menos, en lo relativo al cuerpo.

Quien encontraba tiempo para rezar, pero no para comer, era el Señor: De nuevo se junta tanta gente que no los dejaban ni comer. Lo curioso del asunto es que, mientras a Jesús no le dejaban comer, a Él se lo comían vivo. Y el Hijo de Dios se dejaba comer mansamente. ¿Acaso no había venido a dejarse comer quien nació en la «Casa del pan»? Se dejó comer por los hombres en su vida pública, se dejó comer sacrílegamente en la Cruz, y se deja devorar amorosamente en la Eucaristía.

Aprende dos lecciones del Maestro: la primera es que importa más el alimento del alma que el del cuerpo (aunque no creo que te quedes sin comer por rezar). La segunda es que no tengas miedo a dejarte comer; sé, tú también, eucaristía.

(TOP02S)

“Evangelio 2022