Coherencia

A Jesús lo llamaban «Maestro». Y con razón. Nunca dijo una sola palabra en su enseñanza que Él mismo no se hubiera apresurado a cumplir. Lo acusaron de blasfemo, de insurrecto y de alborotador. Pero nadie lo acusó jamás de embaucador o incongruente.

El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Un hombre, a quien le pedí que impartiera, junto a su mujer, catequesis para los padres que desean bautizar a sus hijos, me respondió: «No puedo, padre. Sería un hipócrita. No cumplo nada de lo que tendría que enseñar». Yo le dije que era un comodón, y que a eso se le llama «falsa humildad». Si no cumples lo que enseñas, la respuesta no es dejar de enseñar, sino empezar a cumplir.

Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos. Ya sé que no eres perfecto. Tampoco yo lo soy, y sería un traidor si no enseñara. Pero no podemos excusarnos. Que, al menos, nos vean desear y luchar. Y, si nos ven caer, que nos vean también levantarnos. Así nos escucharán.

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