Cierra bien la puerta cuando entre

Cuando Jesús entre en tu casa, no dejes la puerta abierta. Cierra fuerte el corazón, con siete cerrojos, para que allí podáis estar los dos a solas. Mira que no quiere el Señor visitarte; te quiere conquistar, desea invadir hasta el último pliegue de tu alma, y que no le pertenezcas más que a Él. Es muy celoso, este Señor.

Cierra bien la puerta después de comulgar. No te vaya a suceder como a Judas:

Untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote. Detrás del pan, entró en él Satanás.

Queda claro que Judas era de quienes dejaban la puerta abierta. No quería intimidad, ni deseaba estar a solas con Jesús. Celebraba una fiesta, e invitó a todo el que pudo. En su corazón, Jesús tuvo que convivir con su egoísmo, con su soberbia, con sus deseos de honores terrenos… Y, al encontrar la puerta abierta, entró también Satanás y arrambló con todo. Jesús resultó expulsado de su casa con un beso de malas noches.

Quien desea al Señor, y, además, desea alguna otra cosa fuera de Él, termina por expulsar al Señor. Apréndelo. Cierra la puerta, y no tengas sino un solo deseo: Cristo.

(MSTO)