Ciego, pero no sordo

BartimeoBartimeo era ciego, pero no sordo. Quisiera repasar contigo su historia, para que, si tu ceguera te impide ver al Señor, puedas tú también contemplar al más hermoso de los hijos de Adán.

Le informaron: «Pasa Jesús el Nazareno». Entonces empezó a gritar.

Escuchó a quienes le decían que se trataba de Jesús. Pudo desconfiar, pensando que le engañaban, pero se fio de quienes le anunciaban al Salvador. Si quieres ver al Señor, fíate de quienes te hablan en su nombre.

Cuando estuvo cerca, le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?».

Bartimeo creyó que era Jesús quien estaba frente a él, aunque no podía verlo. Pudo pensar que le engañaban, que se trataba de un impostor, pero se fio y creyó. También tú, cuando estés ante el sagrario, cree que es Jesús quien está frente a ti, aunque no lo veas. Y, devota y humildemente, suplica:

Señor, que recobre la vista.

Se abrirán entonces los ojos de tu alma, y por la fe verás al Señor, como lo vio Bartimeo.

Dicen que la fe es creer lo que no vemos. Pero, para poder ver, es preciso que creamos, primero, lo que escuchamos cuando nos hablan en nombre de Dios.

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