Calla y escucha

En la soledad del desierto, Dios instruyó a su pueblo y le regaló la Ley. Ahora, Israel, escucha los mandatos y decretos que yo os enseño para que, cumpliéndolos, viváis y entréis a tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de vuestros padres, os va a dar (Dt 4, 1). Esos mandatos no son el código de la circulación, ni el estatuto de la función pública. Son las dulces cláusulas de una alianza matrimonial, y las tiernas palabras de un Padre que educa a sus hijos. Por eso, antes de cumplir la Ley, Dios pide a su pueblo que la escuche, que la atesore en lo más profundo del corazón.

No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Llegado el tiempo de la nueva alianza, ese mismo Dios nos entregó, en su Hijo, el Evangelio, que es la plenitud de la Ley. Y, en el monte Tabor, dejó oír su voz: Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo (Mt 17, 5). La Cuaresma debe ser, ante todo, escucha y, por eso, silencio. ¿Estás pasando tiempos generosos de silencio junto a Dios?

(TC03X)