Cadenas de muerte y lazos de amor

Caminamos hacia el Calvario. Allí, el Hijo de Dios entregará su cuerpo para liberarte de las cadenas que te atan. Si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres.

¿Conoces tus cadenas? Mira que, si no las conoces ni las detestas, difícilmente podrás ser librado. La Cuaresma es, también, un ejercicio de odio al pecado que esclaviza. Todo el que comete pecado es esclavo.

Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. ¡Qué paradoja! Precisamente, el conocer la verdad sobre tus ataduras será lo que te lleve a buscar, en la Cruz, esa misericordia por la que serás liberado. No tengas miedo a verte como eres.

Hay cadenas de hierro: la lujuria, la ira, la gula… Esas cadenas son fáciles de ver. Muy ciegos tienen que estar el lujurioso, el alcohólico o el iracundo para no saberse esclavos.

Me asustan más las cadenas de seda: esa soberbia revestida de justicia; esa vanidad revestida de piedad; esa murmuración revestida de buenas intenciones; esa autosuficiencia revestida de humildad…

Pídele al Espíritu Santo luz para conocer y odiar tus ataduras. Así, cuando lleguemos al Gólgota, serás liberado de ellas, y, a cambio serás unido para siempre a Cristo con lazos de amor.

(TC05X)