Buscabas consejos… y te presentaron a un hombre

Hasta aquel día, Jesús había sido en todo semejante a sus vecinos nazarenos, unido a ellos en gozos y alegrías, pero sin un solo detalle que se apartase de la vida cotidiana en un pueblo pequeño.

Pero, aquel día, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Corrían rumores de que Jesús, el hijo de José, había convertido el agua en vino en Caná, había empezado a predicar, y había expulsado demonios en Cafarnaún. Por eso, cuando terminó de leer, toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él.

Comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír». En definitiva: «El siervo de Dios, ungido por el Espíritu, soy yo». Nadie ha tenido semejante afán de protagonismo. Y en ningún caso ha estado ese afán de protagonismo tan justificado. Cristo es el protagonista de la Historia.

Los judíos acudían a la sinagoga para que les dijesen qué debían hacer. Y aquel sábado, en lugar de recibir consejos, recibieron el anuncio de un hombre.

No es necesario que digamos a todo el mundo lo que debe hacer. Las almas necesitan que se les hable de Cristo.

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“Evangelio 2022