Busca lo pequeño. Desconfía de lo grande

En nuestra pobre sensibilidad, lo grande se impone siempre sobre lo pequeño. Consagra el sacerdote el pan, y, de repente, un ruido terrible, salido de un teléfono móvil cuadrafónico con sonido envolvente, inunda la capilla. Se impone de tal manera sobre el misterio, que la atención de todos los presentes pasa a centrarse en el maléfico artefacto. Se acabó el recogimiento.

Procuras mantener la presencia de Dios durante el día. Pero, a las doce de la mañana, recibes una mala noticia que te ocasiona un terrible disgusto. Y, cuando quieres darte cuenta, el gran dolor se ha impuesto a tu recogimiento, y ya no puedes pensar más que en esa noticia.

El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno toma y siembra en su campo; aunque es la más pequeña de las semillas… Corto aquí la cita. Porque la humildad de lo divino hace que, a menudo, lo pasemos por alto en beneficio de los grandes ruidos. Tanto peor para nosotros.

Para no perder de vista lo importante, es preciso mantener la atención en su pequeñez y su humildad. Desconfía de lo ruidoso. Ama el silencio. Y nada ni nadie te apartará de Dios.

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