Brillará una luz

Esta noche brillará una luz. Y esa luz, amanecida antes del tiempo, primero dejó su huella en las antiguas profecías. A David le dijo Dios, a través del profeta: El Señor te anuncia que te va a edificar una casa (2Sam 7, 11). Siglos más tarde, Zacarías, el padre de Juan, proclamó que el Señor nos había suscitado una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo.

Dos mil años después de aquel grito de júbilo de Zacarías, esa luz llega a nosotros, y aquellas promesas se cumplen en plenitud. Según prometió a David, Dios nos ha edificado una casa, y esa casa, ese belén más real que todos los belenes de Nápoles juntos, se encuentra en el mismo centro del alma en gracia. Allí ha preparado el Señor morada para su Hijo, y allí, esta noche, nos suscitará esa fuerza de salvación que es su propio Hijo, el Verbo que se esconderá en silencios y el Grande que se hará pequeño para amanecer en lo más profundo de nosotros.

En esa casa nos recogemos hoy. Sé que en tu casa hay alboroto, pero deja que reine la paz en tu alma. Esta noche, allí, brillará una luz.

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