Blancas juegan y ganan

La batalla entre el cordero y el lobo es desigual, y está perdida de antemano. El lobo es depredador, y el cordero está indefenso. Por eso, lo normal es que el lobo devore al corderillo. Nada de eso se le oculta al Señor cuando envía a los suyos:

Mirad que os envío como corderos en medio de lobos.

Pero el lobo es negro, y el cordero blanco. Y, al ser devorado, con su sangre compra el cordero al lobo y lo limpia con su blancura. Al final, resulta que se trataba del cordero de Norit (siento si los más jóvenes no saben a qué me refiero).

Recordad que no estamos llamados a sobrevivir, sino a redimir almas, y en el Calvario hemos aprendido que redimir almas supone, muchas veces, dejarse comer.

Sé que lo difícil, para el apóstol, es sobreponerse al instinto natural de supervivencia que lo llevaría a alejarse del lobo. Somos quienes, por miedo a la muerte, pasan la vida como esclavos (Heb 2, 15). Pero el cordero, para ser eficaz, debe recordar dos verdades: que su misión consiste en entregar la vida, y que hay algo, después de la muerte, que salva al cordero y al lobo.

(1810)