¡Bendita locura!

A un Lázaro muerto le gritó Jesús: ¡Lázaro, sal fuera! (Jn 11, 43). Y salió del sepulcro el muerto para retornar a la vida. También nosotros saldremos un día de nuestros sepulcros. Hay lugares donde es mejor no quedarse para siempre.

Vinieron a llevárselo, porque se decía que estaba fuera de sí.

Sé que la expresión «fuera de sí» se emplea para definir a quien está enajenado, es decir, al loco. Pero, aplicada al Señor, me parece que aquellos hombres tuvieron una intuición muy poderosa.

Tenían razón. Jesús vivió «fuera de sí», salió de sí mismo y se olvidó de su persona hasta el punto de dejarse invadir por los hombres.

Llegó a casa con sus discípulos y de nuevo se juntó tanta gente que no los dejaban ni comer. Eso sólo le sucede a quien está fuera de sí. Y no porque esté enajenado o loco, sino porque vive en un éxtasis permanente (que también «éxtasis» significa «salir de sí»). ¿Acaso no había dicho Él: Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo (Mt 16, 24)?

Ojalá vivas tú también fuera de ti, aunque te tomen por loco. Serás digno discípulo del Maestro.

(TOI02S)