Bañado en agua y sangre

«La gracia está en el fondo de la pena, y la salud naciendo de la herida», dice el himno.

Inclinando la cabeza, entregó el espíritu… Uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua.

La Iglesia nace del costado de Cristo como nació Eva del costado de Adán. Nos lo recuerdan el agua y la sangre que se dan cita en el nacimiento de cualquier niño. Pero aquella agua sacratísima, y aquella sangre redentora, fueron recogidas por María.

Mujer, ahí tienes a tu hijo… Ahí tienes a tu madre. Miradla en la Piedad, abrazada al cuerpo desnudo de su Hijo. Así, desnudo, lo tuvo en sus brazos en Belén. Pero entonces no hubo sangre ni agua. Ahora ese cuerpo está abierto, bañado en agua y sangre como el bebé recién nacido. Y en ese cuerpo, como miembros suyos, estamos nosotros, recién nacidos a la gracia como hijos de Dios y de María. Si en Belén dio a luz sin dolor, con grandes dolores nos ha alumbrado en el Calvario. Pero del sufrimiento del parto nace la alegría y, con esa alegría, quienes llamamos a Dios «Papá» llamamos a la Virgen «Mamá».

(MMI)