Aunque no te escuchen

Decía un sacerdote, cansado de que, tras años advirtiéndolo, siguieran sonando teléfonos móviles durante la misa: «Cuando Dios me llame, podré decir que os advertí. Cuando os llame a vosotros… A ver qué le decís. Seguramente, no le diréis nada, porque seguro que os suena el móvil en pleno juicio particular».

Parece una tontería. Pero no lo es. Especialmente si lo referimos a anuncios más importantes. Porque muchos renuncian a anunciar el evangelio, con la excusa de que no les harán caso. «Pero, padre, ¿a estas bestias quiere usted que les anuncie a Jesucristo? Se reirán de mí, y, además, no harán caso». Pero, hijo, olvidas que, cuando Dios te llame, no te preguntará si te han hecho caso; te preguntará si lo anunciaste.

Hasta el polvo de vuestra ciudad, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que el reino de Dios ha llegado. Tú anuncia. Y si nadie te hace caso, si llegas ante Dios con algún salivazo en la cara, o incluso si llegas con la cara partida… ¡Cuánta gloria te espera en el Cielo! En cuanto a ellos… mejor recemos para que crean lo que les anunciaste.

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