Amores, desengaños y celo de almas

Treinta y cinco años, y soltero. Vivía solo, comía solo, dormía solo, y presumía de ello. Se burlaba de los amigos casados, que apenas tenían tiempo para sí mismos, y se ufanaba de ser un hombre libre. Con treinta y seis se enamoró, con treinta y siete se casó, y a los treinta y ocho tuvo su primer hijo. A los treinta y nueve era el ser más feliz de mundo. ¿Cómo había podido estar tan solo hasta entonces? Lo que había experimentado como libertad se le mostraba ahora como pobreza, y, aunque ya no le quedaba tiempo para él, reconocía que el amor había dado sentido a su vida.

Cuando venga el Paráclito, dejará convicto al mundo acerca de un pecado, de una justicia y de una condena. Mientras no conoces el Amor de Dios, el mundo puede parecerte un lugar habitable y cómodo donde echar raíces. Pero cuando has gozado una sola gota de ese Amor, te das cuenta de que el mundo no cree en Cristo, no merece verlo, y, además, va camino de la muerte. Entonces quisieras ser, en el mundo, otro Cristo, para que todos despierten como has despertado tú. Celo de almas, se llama.

(TP06M)