Amigo, sube más arriba

Vas siempre, buen Pastor, dos pasos por delante de mí, y así me abres camino, porque Tú eres el Camino. Nunca me pediste nada que no hicieras Tú primero, para que yo camine sobre tus huellas y te encuentre tendido, como alfombra, en la senda que pisan mis pies.

Cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: «Amigo, sube más arriba».

Lo dices, y lo haces. Te convido yo a mi vida, y te escondes en el rincón más oscuro y remoto del alma, en el último puesto, como queriendo pasar desapercibido. Un mosquito que me zumba en los oídos mientras rezo, un dolorcillo de nada, una preocupación insignificante, parecen tener más importancia que Tú.

Entonces tengo que acudir en tu busca; retirarme a lo más profundo del alma hasta que te encuentro allí, en el último puesto. Y, al encontrarte, te digo: Amigo, sube más arriba. «¿Es que vas a ser menos que un mosquito, un dolor o una preocupación? Brilla más, Amigo, resplandece, y acalla con tu luz a esos intrusos que se han colado en mi vida, para que así lo seas todo para mí».

(TOI30S)