Amarás a Dios… en tu prójimo

En la Ley estaba escrito: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas (Dt 6, 5). Es el mandato de un Dios celoso, que no quiere compartir con nadie el corazón del hombre. Y aunque sus celos no son fruto del egoísmo, sino de un Amor que desea liberar a sus hijos de toda esclavitud, queda claro que no debe haber, en el corazón humano, rivalidad entre la entrega a Dios y el cariño a criatura alguna.

Los fariseos decían a sus padres: Los bienes con que podría ayudarte son «corbán», es decir, ofrenda sagrada. Al hacerlo, estaban manifestando que la obligación que tenían con ellos les impedía servir enteramente a Dios, y que los dejarían sin auxilio para honrar mejor a Yahweh.

Jesús se lo reprocha. ¿Acaso el mismo Dios que nos pide amarlo con todo el corazón no nos pide también honrar a nuestros padres? ¿Acaso honrar a nuestros padres no es, para nosotros, amar a Dios? Si el amor a Dios te impide amar al prójimo, no es a Dios a quien amas. A Dios le rindes culto en el templo, pero lo amarás amando al prójimo.

(TOI05M)