«Ámame en tu prójimo»

Despertaste una mañana, y descubriste que tenías guardada una sonrisa. Entonces pensaste: «Es un tesoro. ¿A quién se la daré? Si se la doy a mi familia, no se enterarán. Incluso puede que me respondan con indiferencia. Mejor voy a la iglesia, y se la entrego al Señor. Él me devolverá otra sonrisa». Cruzaste las puertas del templo, te postraste ante el sagrario y le entregaste al Señor tu sonrisa. Pero Jesús, en lugar de sonreírte, te reprendió: «¿Por qué me traes esa sonrisa aquí? Yo te la di para que me la dieras, pero sabes bien dónde quiero recibirla: dámela en tu prójimo. Y, aunque ellos no te sonrían, Yo, desde el cielo, te sonreiré. Te devuelvo tu sonrisa. Vuelve con ellos y entrégamela allí».

Pero vosotros decís: «Si uno le dice al padre o a la madre: los bienes con que podría ayudarte son “corbán”, es decir, ofrenda sagrada», ya no le permitís hacer nada por su padre o por su madre. No busques en la piedad un refugio para esconderte de tu prójimo. Porque es en tu prójimo donde Dios quiere que lo ames. Aunque, a veces, duela. Más le ha dolido a Él amarte a ti.

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