Al Capone rezando el rosario

No sé si san Mateo tendrá que ver con Eliot Ness, pero me he acordado de él. En aquellos tiempos, en que buena parte de la policía americana había sido comprada por Al Capone, se buscó a un equipo de agentes insobornables para que desmantelasen esa red de corrupción. A nadie se le hubiese ocurrido llamar a los más corruptos para eliminar el delito.

A nadie, menos al Señor. Y esta es una de las notas más sorprendentes y maravillosas del Evangelio. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores. Quiere redimir el mundo del pecado, y no viene acompañado de un batallón de querubines, sino que se rodea de publicanos y meretrices a quienes llama por su nombre.

Así llamó a Mateo, y a Saulo, y a ti, y a mí. ¿O acaso pensabas que Jesús te había elegido porque fueses bueno? Nos llamó, siendo nosotros pecadores, y nos limpió con su divina sangre, para que nosotros continuásemos su obra.

Y esa obra debe llevarte a buscar la compañía de quienes viven en pecado, a manifestarles el Amor de Cristo, y a atraerles a su Iglesia. No eres Eliot Ness: eres Al Capone rezando el rosario. ¡Impresionante!

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