Adviento para ciegos

Tuvo que ser todo un número: Dos ciegos seguían a Jesús gritando: «Ten compasión de nosotros». ¿Cómo lo seguían, si eran ciegos? Tuvieron que seguirlo guiados por su lazarillo, abrazados a él mientras gritaban. Y sólo al llegar a la casa Jesús los atendió. Que os suceda conforme a vuestra fe.

El episodio es el anuncio perfecto del Adviento y la Navidad. En estos días de Adviento, seguimos a Jesús en nuestra ceguera, porque no lo vemos. Y llevamos lazarillo, porque en la Iglesia escuchamos la predicación que nos muestra el camino para seguir al Señor. Cuando lleguemos a casa, a Belén, la sed que ahora sufrimos se habrá convertido en fe, y allí veremos a Jesús en compañía de la Virgen y san José.

¡Cuidado con que lo sepa alguien! Serán momentos de intimidad, de secretos del Amor, de silencios que no pueden destilarse en palabras humanas. Pero, al retirarnos del Belén para volver a nuestras ocupaciones, no podremos evitar que el brillo de nuestros ojos y la alegría de nuestras vidas proclamen a cuantos nos rodean que Dios habita entre los hombres. Ellos, al salir, hablaron de él por toda la comarca.

¿No te entran ganas de llegar?

(TA01V)

“Misterios de Navidad