Abre bien los ojos hoy

que nada se desperdicieSupón que hubieras estado en aquel monte donde Jesús multiplicó los panes y los peces. Supón que hubieras sido tú ese muchacho que teníacinco panes de cebada y dos peces. Después de ver cómo Jesús convertía tu ofrenda en alimento para miles de personas, después de haber comido hasta saciarte, ¿cómo habrías vuelto a casa? ¿Verdad que habrías llegado radiante, con deseos de contar a toda tu familia lo que habías presenciado?

Pues, entonces, abre bien los ojos, porque hoy vas a ir a misa, y allí sucederá un milagro mucho mayor. Cuanto sucedió en el monte no fue sino un anuncio del milagro que tú presenciarás hoy.

Hoy, ante tus ojos, el sacerdote presentará a Dios un poco de pan, y un poco de vino. También tu vida, si quieres, irá incluida en esa ofrenda, tan pobre cuando se trata de honrar a todo un Dios. Y, cuando el sacerdote pronuncie las palabras de la consagración, esa pobre ofrenda se transformará en el cuerpo y la sangre de Cristo, capaces de redimir a la Humanidad entera. Te saciarás con ese pan.

¿Cómo llegarás a casa, después de misa? ¿Cómo volverás a tus amigos y parientes? ¿Se te notará?

(TOB17)