A solas con Jesús

Para curar al ciego, primero Jesús lo sacó de la aldea, llevándolo de la mano. Quiso quedarse a solas con él, para que nada lo distrajese de su presencia, y para evitar la vanidad del espectáculo. Dios gusta de obrar en silencio, en la intimidad del amor, más que en la ostentación.

¿Por qué no dejas, tú también, que Jesús te tome de la mano y te saque del bullicio para sanarte a solas? Se va acercando la Cuaresma, y seguro que te hará mucho bien apuntarte a una tanda de ejercicios espirituales. Ya sé que da un poco de pereza, y que encontrarás mil motivos para no ir. Tienes ¡tanto que hacer! No te dejes engañar: tu principal tarea es tu alma. Despeja todas esas excusas, y coge esa mano del Señor que te aparta del ruido durante unos días.

Procura que sean unos ejercicios donde se guarde el silencio. Lo necesitas. Allí, a solas con Jesús, escucharás su palabra, y su Espíritu acariciará tu alma. Allí, despejada la niebla de las mil tareas diarias, verás lo que normalmente no ves. Y allí conocerás el plan de Dios sobre tu vida, porque los grandes amores se forjan a solas.

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