La Resurrección del Señor

agosto 2023 – Página 2 – Espiritualidad digital

Alguien te presenta a alguien

A muchos de vosotros os ha sucedido: un día os presentaron a alguien, y ese día vuestra vida cambió, porque la persona que os habían presentado se convirtió, con el tiempo, en vuestro compañero o compañera inseparable. No fueron buenos consejos, ni palabras sabias, que nunca vienen mal, los que os transformaron. Fue algo tan sencillo y maravilloso como alguien que os presentó a alguien.

Así le sucedió a Natanael: Felipe le contestó: «Ven y verás». Su hermano le presentó a Cristo, y Natanael cayó rendido ante Él: Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel. Su vida ya nunca fue la misma. Y su muerte fue la consumación de aquel encuentro. Murió mártir, despellejado en la India por hacer con otros lo que habían hecho con Él: presentarles a Cristo.

Hay que recordarlo mucho, porque sigue habiendo gente empeñada en evangelizar a base de discursos moralizantes y soporíferos. Yo conocí en la Universidad a uno de esos «pesados». Lo llamábamos «el charlas», y huíamos de él. No hagáis eso. No deis consejos a gente que no os los ha pedido. Sencillamente, hablad de Cristo con naturalidad a vuestros semejantes. Decidles que Él os curó.

(2408)

Nunca es tarde…

Con empresarios así, no habría más paro que el culpable, el de quienes no quieren trabajar. El dueño parece más empeñado en dar trabajo a sus semejantes que en optimizar recursos. Es capaz incluso de contratar jornaleros cuando apenas queda una hora de faena, la última hora.

– ¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?

– Nadie nos ha contratado.

En palabras de Jesús, esta escena tuvo lugar al caer la tarde. Porque, aunque era la hora sexta, se oscureció el cielo hasta la hora nona. Era, en efecto, la última hora, su última hora. Y eran dos los desempleados, los que llevaban el día entero, la vida entera sin trabajar, porque nadie los había contratado. No habían encontrado nunca a un Señor que diera sentido a su existencia. Ahora lo tenían allí, crucificado junto a ellos e invitándolos a unirse a Él en su muerte y entregarse con Él en sacrificio por la redención de las almas. Pero sólo uno aceptó el empleo.

Hoy estarás conmigo en el paraíso (Lc 23, 43). Porque, como anunció en la parábola, pagó el jornal empezando por los últimos. Nunca es tarde si la dicha es buena y el hombre sabe aprovecharla.

(TOI20X)

Docilidad

Qué ridículos son quienes parecen no tener otro objetivo en la vida que ensalzarse a sí mismos, situarse sobre los demás, exhibir los talentos que tienen y los que no tienen, y cosechar aplausos de los hombres. Lo difícil es no sentir satisfacción cuando, después de encumbrados, los vemos caer.

Qué hermosa es la Virgen María, cuyo único afán parece ser el de postrarse ante Dios y dejarse ensalzar por Él.

He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra.

Todo en ella es un dulce «dejarse». Se deja amar por su Creador, se deja humillar ante la Cruz, se dejar elevar al cielo por los ángeles, y –hoy lo celebramos– se deja allí coronar por su Hijo. Porque no dudo que fue su Hijo quien depositó esa corona de estrellas en la cabeza de su madre.

Ese dulce «dejarse» no significa pasividad, como la del barro inerte en manos del artista. Porque el barro no siente ni padece, ni pone nada de su parte. La actitud de la Virgen no es pasiva, sino receptiva, acogedora. Acoge libremente la gracia que la santifica, la paladea y la medita en el corazón. Semejante actitud tiene un nombre: docilidad.

(2208)

Mercaderes y enamorados

Es muy interesante el inicio del diálogo entre Jesús y el joven rico, tal como nos lo muestra san Mateo:

– Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno para obtener la vida eterna?

– ¿Por qué me preguntas qué es bueno? Uno solo es bueno.

El joven se mueve en el terreno de la moral y del mercado. La moral, porque pregunta por la bondad de determinadas acciones. Pero esas acciones se convierten en acciones mercantiles cuando no las busca por sí mismas, sino que desea, con ellas, obtener algo: vida eterna. Jesús le invita a salir de ese escenario y a desplazarse a su terreno, el del amor. Allí, el centro no lo ocupa la moral; no se trata de hacer algo bueno, sino de conocer y amar al Bueno, Cristo.

Si lo que deseas es obtener algo, es lógico que te preguntes por el precio. Pero si amas a alguien, lo entregarás todo por él. No en vano san Pablo decía: Para mí, la vida es Cristo (Flp 1, 21).

El joven no quiso cambiar de escenario. Pero tú, que amas a Jesús, cuando ores, recuerda que la pregunta principal no es «Jesús, ¿qué debo hacer?», sino «Jesús, ¿quién eres?».

(TOI20L)

Bienaventurados los pesados

Cada pasaje evangélico tiene varias puertas de entrada. Y, según la que elijas para adentrarte, lo vivirás de una forma distinta. Hoy entraremos en el episodio de la mujer cananea por la puerta que nos abren los discípulos con su queja: Atiéndela, que viene detrás gritando.

San Mateo sitúa la acción en el camino. Por eso dice que ella viene detrás. Pero san Marcos nos aclara que todo comenzó antes, dentro de una casa, donde se presentó la mujer suplicando al Señor que liberase del demonio a su hija. El Señor la ignoró, se levantó y se marchó. Pero la mujer siguió a Jesús gritando sin cansancio y sin descanso.

Jesús fingía no escuchar, pero los discípulos estaban hasta la coronilla de la señora de marras. ¿Pero no va a callarse esta mujer? ¡Será pesada! ¡Que nos deje en paz! Atiéndela, que viene detrás gritando. Es decir: «¡Dale lo que quiere y que se marche de una vez!»

Jajaja… Benditos los pesados, los que no tienen respetos humanos al dirigirse al Señor. Ojalá atruenes el cielo de tal forma que todos los santos pidan a Jesús que te atienda para que los dejes en paz. Yo, personalmente, estoy en ello.

(TOA20)

Lo único que importa en esta vida

Lo difícil es que nos lo creamos. Las urgencias, las preocupaciones y los mil ruidos que nos rodean nos engañan y nos ciegan. Pero lo único que importa en esta vida es estar unidos a Cristo. Y nada más. Si fracasamos en todo, si todo nos duele, si la enfermedad y la muerte nos acosan por todas partes, pero estamos unidos a Cristo, todo va bien. Pero si nos apartamos de Él, aunque el mundo entero nos aplauda, aunque rebosemos salud y nos sobre el dinero, estamos perdidos. Lo repetiré: lo único que importa en esta vida es que estemos unidos a Cristo.

Por eso, hacernos como niños es garantía de felicidad, de santidad y de vida eterna. Porque de los que son como ellos es el reino de los cielos.

Y es que nos equivocamos cuando imaginamos la santidad como una gesta de héroes. Porque el héroe es un coloso, mientras el niño es diminuto. Así que tú eliges: puedes seguir soñando con realizar por Jesús gestas dignas de una epopeya, o puedes, simplemente, echarte en sus brazos y dejarte acariciar y bendecir. O abrazar su cuello y dormir con la cabeza en su hombro, como hacía san Juan.

(TOI19S)

Historia de una mujer feliz

matrimonio cristianoNo tendría más de 26 años. Era joven y hermosa. Tras dos años de matrimonio sin hijos, el marido la había abandonado para unirse a otra mujer. Y ella preguntaba al sacerdote: «¿La Iglesia me dice que no puedo “rehacer mi vida” con otro hombre?» El sacerdote le respondió lo que la Iglesia dice. Y también le aclaró que Dios no abandona nunca a los suyos. Si una hija suya lo arriesga todo para llevar hasta el final la promesa realizada el día de su boda, Él –Él en persona, y no un hombre– se encargará de su felicidad. No doy más datos, pero os aseguro que esa promesa se cumplió. He escrito sobre una mujer feliz.

Y es que al principio no era así. Al principio, la alianza entre Yahweh y nuestros primeros padres era alianza de amor, y la unión entre hombre y mujer reflejaba aquella alianza. Pero cuando el hombre rompió con Dios, también el matrimonio, reflejo de aquella unión, quedó roto.

En Cristo, Dios ha establecido una nueva alianza. Dios jamás repudiará al hombre: Si somos infieles, Él permanece fiel (2Tim 2, 13). Y dará la gracia para permanecer fiel a quien ha sufrido la infidelidad.

(TOI19V)

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