La Resurrección del Señor

5 agosto, 2023 – Espiritualidad digital

Un momento de cielo

La gente llama cielo a cualquier cosa. Piensan en el Paraíso como una especie de parque temático donde, además de no morirte y no sufrir, te reencuentras con tus abuelitos y te vuelve a crecer el pelo. Si les dijeran que Dios no anda por ahí porque ha bajado a hacer unas compras, les daría igual.

Lo peor de todo es que, si a toda esa gente que imagina un paraíso «made in Disney» les dijéramos lo que realmente es el cielo, probablemente no quisieran ir, porque el cielo es Cristo, y a Cristo no lo conocen. Cada vez estoy más convencido de que quienes se condenen entrarán en el Infierno por su propio pie, huyendo del cielo. «¿Qué quieren, verme en misa toda la eternidad? ¡Ni de broma!». Eso hace urgente que anunciemos la hermosura del Señor.

Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Pedro, Santiago y Juan gozaron de un momento de cielo. Cristo, sólo Cristo, y nada más que Cristo y su gloria. Moisés y Elías estaban de invitados.

No sabrás cómo es el cielo hasta que llegues. Pero sabrás lo que es si disfrutas de la misa y la oración. Es eso mismo, pero sin velos.

(0608)

Aunque la verdad duela

Ebrio de alcohol y de lujuria, Herodes arrebató la vida a Juan. Y, al hacerlo, asesinó a la persona que más le había dado en este mundo, porque el Bautista había regalado al rey el tesoro de la verdad. Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado, por motivo de Herodías, mujer de su hermano Filipo; porque Juan le decía que no le era lícito vivir con ella.

Los padres de Herodes le habían dado la vida, pero Juan le dio la verdad, que vale más que la vida. Por eso el Bautista no dudó a la hora de entregar la vida a cambio de la verdad.

Sé que la verdad, en ocasiones, duele. A Herodes le dolió la verdad. Pero, si se hubiera dejado herir, habría salvado la verdad y la vida. Al defenderse, perdió las dos.

También sé que el mundo es hoy un gran teatro. La búsqueda de likes y retuits están convirtiendo a los hombres en surtidores de mentiras agradables. Pero nosotros somos discípulos del que ha venido a este mundo a dar testimonio de la verdad (Jn 19, 37). No podemos callar. Aunque duela. Aunque nos maten.

(TOI17S)

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