La Resurrección del Señor

25 marzo, 2023 – Espiritualidad digital

¿Por qué llora Jesús?

Ha muerto Lázaro. Y Jesús llega a la casa. María se le acerca llorando. Y Jesús, viéndola llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la acompañaban, se conmovió en su espíritu. Luego lo acompañan hasta la tumba y, al llegar allí, Jesús se echó a llorar.

¿Por qué llora? Jesús sabe que, en unos minutos, su amigo estará de nuevo en pie, retomando su vida donde la dejó. ¿Por qué llora, entonces?

La primera vez, cuando vio llorar a María y a los judíos que la acompañaban, las lágrimas de Jesús fueron de compasión. Cualquier dolor humano hace mella en el corazón de Cristo y le arranca lágrimas. También tu llanto y el mío conmueven al Señor. Nunca estamos solos cuando lloramos. Él llora con nosotros.

La segunda vez, ante la tumba de Lázaro, es la muerte la que hace llorar a Jesús. Cristo es la Vida. Y, al contacto con la muerte, la Vida llora. También nosotros lloramos a nuestros muertos, aun cuando sabemos que resucitarán. Y, mientras los lloramos, las lágrimas de Cristo se mezclan con las nuestras y las bendicen. No es falta de fe llorar a los muertos. Es, simplemente, señal de humanidad.

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Amor del bueno

La redención del género humano tuvo su origen en una historia de amor. De amor del bueno. De Amor.

No temas, María, porque has hallado gracia a los ojos de Dios. El agua mana limpia de los montes. Después, conforme va bajando por los ríos, va arrastrando arena y más tarde, si se estanca, se termina de ensuciar. María bebió del agua en su misma fuente, en lo alto del monte, en Dios mismo. La Virgen fue la amada de Dios. Y en su corazón inmaculado, como en un embalse preciosísimo, preservó limpio ese Amor. Beber amor de María es beber Amor de Dios con perfume de mujer.

Nosotros nos amamos, pero, entre nosotros, el amor llega muy lleno de impurezas. No hay que rechazarlo, hacemos lo que podemos, dejémonos querer. Pero no olvidemos que el amor brota limpio en lo alto del monte. Si se enturbia al paso de nuestros pobres corazones es a causa de la desobediencia, es decir, del pecado.

Por eso es limpia la fuente que mana del corazón inmaculado de la Virgen. Ella siempre obedeció, y su Hijo, Dios encarnado en sus entrañas, nos redimió obedeciendo. Aquí estoy para hacer tu voluntad (Sal 40, 8-9).

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