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28 enero, 2023 – Espiritualidad digital

Agapito y las bienaventuranzas

«¡Estamos en la gloria!», dijo Agapito a la una de la tarde de un día de primavera, sentado en la terraza de un restaurante, mientras disfrutaba el primer trago de una jarra de cerveza. «¡Camarero! ¡Otra de gambas!».

Claro, si eso es la gloria, como al camarero se le ocurra servirle a Agapito en bandeja un papel con las bienaventuranzas, lo manda del cielo al infierno en un minuto, y además se queda sin propina.

Bienaventurados los pobres… los que lloran… los que tienen hambre y sed… los perseguidos… Y Agapito, mientras se marcha airado del restaurante, llega a una conclusión irrefutable y definitiva: «¡Hay que fastidiarse! Todo lo que me gusta es pecado. Y encima, mañana es domingo y tengo que ir a misa para no ir al infierno. Espero que, al menos, en el cielo haya gambas».

Pero Agapito no conoce a Cristo. Y no se ha enamorado. Las gambas son todo su horizonte. Pobre Agapito.

Cuando Agapito conozca a Cristo y se enamore de Él, le sabrán mejor las gambas. Le sabrán mejor las lágrimas y el hambre. Le sabrá mejor la vida, y le sabrá mejor la muerte. Porque entonces entenderá que el Cielo es Cristo.

(TOA04)

Se hizo sábado en la barca

duermeEs sábado, y el Señor duerme. Es el día del descanso de Dios.

Se levantó una fuerte tempestad y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba en la popa, dormido sobre un cabezal. Así descansa Cristo en el sepulcro, mientras las tinieblas y el mal cubren la tierra. Parece que venciera la muerte, que Dios hubiera sido derrotado y el Enemigo hubiera dicho la última palabra. Realmente, aquel sueño de Jesús en medio de la tempestad fue profecía del Sábado Santo.

He escuchado, o leído, que vivimos en el Sábado Santo de la Historia. Lo creo así. Basta encender la televisión, asomarse a las series de las plataformas, o escuchar los gritos que, como olas en una tormenta, se alzan desde Internet y las redes sociales cubriendo las vidas de los hombres, para tener la percepción de que el mal y la mentira han triunfado mientras Dios se ha quedado dormido. ¿Por qué Dios no hace nada?

Míralo en el sagrario: ¿no ves que duerme? Y búscalo en lo profundo de tu alma, bajo las olas de tu angustia y tu dolor. Cuando lo encuentres, duerme a su lado. Ya despertarás cuando despierte Él.

(TOI03S)

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