Libros

31 diciembre, 2022 – Espiritualidad digital

Grandeza y pequeñez de todo un Dios

En el año 431 tuvo lugar el Concilio de Éfeso, en el que se proclamó a María Madre de Dios. Fue la respuesta a la herejía de Nestorio, a quien le escandalizaba que una mujer pudiera alcanzar semejante dignidad.

Pero Nestorio se equivocaba en su escándalo. Lo realmente asombroso no es que una criatura hubiera resultado tan ensalzada, sino que Dios se haya abajado tantísimo por Amor.

La grandeza de Dios hace temblar. Su poder, por el que creó todo de la nada; la majestad con que abrió las aguas del Mar Rojo ante los hebreos; la voz divina que reventaba los tímpanos en el Sinaí… ¿Cómo podría un hombre acercarse a semejante grandeza sin caer fulminado? Nadie puede ver a Dios sin morir.

La pequeñez de Dios, sin embargo, hace llorar. Y así lloraba la Virgen, emocionada mientras conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Veía al Dios del Sinaí convertido en niño y temblando de frío, entregado a sus brazos en busca de cariño y protección. Lo ves tú, lo veo yo, humillado en la Hostia y entregado a nosotros en alimento. ¡Pero cómo, Dios mío, has podido caer tan bajo! ¿Tanto nos amas? ¿Y no lloramos?

(0101)

“Evangelio

Hemos contemplado su gloria

El prólogo de san Juan es un pozo sin fondo. Cada palabra es una puerta abierta a horizontes eternos. Hoy me quedaré con una de ellas:

Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria.

«Contemplar» no es «ver», ni tan siquiera «mirar». «Contemplar» es quedarse mirando, deleitarse en la hermosura adivinada, acariciar con los ojos y caer embelesado ante la luz.

Hasta que el Verbo se hizo carne, la ley prohibía hacer imágenes de Dios, porque ese Dios era invisible a los ojos. Pero la vida se hizo visible (1Jn 1, 2), el Verbo se hizo carne, el Dios cuya espalda atisbó Moisés se ha dado la vuelta y se nos muestra, para que el hombre contemple la hermosura infinita de su rostro. El anhelo de siglos grabado a fuego en los salmos (Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro». Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro –Sal 27, 8-9–) ha sido cumplido hoy. Dios ha mostrado su rostro al hombre, y ese rostro es el rostro de un niño.

¡Qué belleza! ¡Qué delicia! Si un cristiano no es contemplativo en Navidad, no entiende la alegría que derrama este tiempo.

(3112)

“Evangelio

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad