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10 diciembre, 2022 – Espiritualidad digital

Jamón de bellota

Hasta hace años, dedicaba parte del Adviento a disparar contra Papá Noel. Es el ladrón de las navidades. Dejé de hacerlo porque algunos padres me decían que mis homilías hacían llorar a sus hijos pequeños. Así que preferí dejar de disparar al gordo y centrarme en el flaco, en Juan. Pero seguimos teniendo un problema. Viene el Salvador, y muchos esperan a otro.

¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro? Si a un niño le prometen un regalo, el niño sueña con recibir chucherías, y después recibe un jamón, el niño llora. Por valioso que sea, el regalo no se correspondía con sus expectativas. Por eso es importante saber lo que debemos esperar. Los contemporáneos de Jesús esperaban a un libertador político, y mataron al Mesías que los liberaba del pecado.

¿Qué esperas del Cristo? ¿Que resuelva tus problemas? ¿Que alivie tus dolores? Nada de eso te ha prometido quien será varón de dolores. Lo que te promete es que te llenarás de Dios, serás amado como nunca lo has sido, y tu alma gustará las mieles del Cielo. Eso es lo que debes esperar, y no quedarás defraudado. Jamón de bellota, no chuches.

(TAA03)

Elías sin mascarilla

Durante lo peor de la pandemia de 2020, era complicadísimo reconocer a los amigos. Sobre todo en invierno, cuando sobre la mascarilla iban las gafas y sobre las gafas el gorro de lana. A los curas era más fácil distinguirnos, por el alzacuellos. Y, cuando se nos acercaba alguien a saludarnos efusivamente, nos quedábamos mirando con cara de bobos… Hasta que se bajaba la mascarilla: «¡Ah, eres tú! No te había reconocido. Buenos días». No era culpa nuestra. Se nos perdonaba bien.

Os digo que Elías ya ha venido y no lo reconocieron. ¿Era Juan la mascarilla de Elías? ¿Vino disfrazado el profeta? En ese caso, no habría culpa en quienes no lo reconocieron.

No es así. Ninguno de aquellos hombres había visto a Elías sin mascarilla. No se trataba, por tanto, de reconocer el rostro del profeta, sino su espíritu. Y ese espíritu estaba desnudo y descubierto en Juan. Si no lo reconocieron fue porque Juan anunciaba al que quita el pecado del mundo, y ellos estaban enamorados de su pecado.

Tú tienes pecados, igual que yo. Pero detéstalos, lucha contra ellos. Porque si te enamoras de alguno de tus pecados, no podrás reconocer a quien viene a perdonarlos.

(TA02S)

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