Tú, pecador

19 noviembre, 2022 – Espiritualidad digital

El Rey y su trono

Podrían reírse de nosotros. Y se han reído, aunque cuantos se rieron han muerto, y quienes hoy se ríen morirán mañana. Proclamamos que Cristo es Rey y, cuando entran en nuestros templos, ¿qué se encuentran?

– Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino. – En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso.

Esto es lo que se encuentran: a un condenado a muerte, agonizante y cubierto de infamias, prometiéndole su reino a otro condenado que agoniza como él. Entonces se ríen. «¿Éste es vuestro rey?» Que se salve a sí mismo, si es el Mesías de Dios.

Pero, después de veinte siglos, los reinos de este mundo han pasado y Cristo sigue vivo. La tierra ha girado miles de veces sobre su eje, y la Cruz sigue en pie. Ella es el eje del Cosmos.

¿Por qué, entonces, su reino no ha calado en los corazones de los hombres? ¿Por qué se lo ha expulsado de la vida pública? Te lo diré: En buena medida, porque los cristianos nos hemos refugiado en los templos, y no acabamos de llevar el reinado de Cristo a la entraña de la sociedad. Nos da miedo su trono, que es la Cruz.

(XTOREYC)

Cuando, al fin, nazcamos

A las puertas de la solemnidad de Cristo Rey, pregustemos ese día en que su reinado brillará de un extremo al otro del cielo, cuando venga revestido de majestad sobre las nubes.

Y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección. La expresión hijos de la resurrección es sublime. Porque el resurgir glorioso de los muertos el día de la venida del Hijo del hombre se nos presenta como un gran alumbramiento. La tierra, entonces, morirá al dar a luz para la gloria a sus hijos. Y será reemplazada por cielos y tierra nuevos.

Los recién nacidos serán hijos de Dios, y sus cuerpos, glorificados a semejanza del de Cristo, verán cumplidas las palabras del discípulo amado:  Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es (1Jn 3, 2).

Entonces nos daremos cuenta de que esta vida no ha sido sino una larga gestación entre tinieblas. Todo habrá valido la pena cuando, asidos al talón del Resucitado como se asió Jacob al talón de Esaú, amanezcamos, por fin, a la luz. Y la luz es Cristo.

(TOP33S)

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