Tú, pecador

9 noviembre, 2022 – Espiritualidad digital

Quitad esto de aquí

Quizá nos resulta difícil, incluso estrambótico, imaginar en la iglesia a cambistas de dinero y vendedores de palomas, por no hablar de los bueyes y carneros con los que se comerciaba entonces. Eran otros tiempos. Pero tratemos de imaginar algo más acorde con nuestra época: ¿Cómo te sentirías si, al entrar en el templo, descubrieras una máquina de refrescos, otra de café, un puesto de churros, y a gente echando dinero en las máquinas como si fuesen lampadarios y tomando un café con porras en el altar? ¿No te ofendería? Pues imagina cómo se sintió Jesús aquel día.

Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre. Si tendrías por profanación todo ese comercio dentro del templo, piensa que así está el alma, santuario de Dios, cuando se llena de criaturas, intereses personales, dolores personales, problemas personales… Un cristiano no debería albergar en su alma nada «personal», porque todo lo «personal» está compuesto de egoísmo.

El lugar de los asuntos personales está en la Cruz. Y el lugar de Dios en el alma. En ella sólo deben morar los amores de Cristo, los dolores de Cristo, las alegrías de Cristo. Todo lo demás es mercadeo.

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