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octubre 2022 – Página 3 – Espiritualidad digital

Hombres de paz

La antífona de entrada de la misa de hoy reza así: Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que proclama la paz (Is 52, 7). Más tarde, en el evangelio, leemos: Cuando entréis en una casa, decid primero: «Paz a esta casa».

«La paz contigo» era un mero saludo ritual entre los judíos. Pero Jesús llevó ese saludo a plenitud cuando, resucitado, se apareció a los apóstoles proclamando: Paz a vosotros (Jn 20, 19). Cada saludo de cada judío por toda la tierra apuntaba misteriosamente a aquel saludo dominical.

Nuestra paz es Cristo. Y quien nos trae a Cristo nos trae la paz. Por eso el evangelista, el mensajero del Señor, lleva la paz allá donde va.

¿Quién dijo que sólo existieron cuatro evangelistas? Cuatro escribieron los santos evangelios, pero tú y yo debemos ser, también, evangelistas. Ojalá vivamos de tal manera que llevemos a Cristo, nuestra paz, allá donde vayamos. Y se llene de paz el aire a nuestro paso. Cristo entrando en Mercadona, Cristo entrando en el bar, Cristo cruzando la calle, Cristo acostando a los niños… Vacíate de ti mismo, llénate de Él, sé el mensajero que anuncia la paz. Dios bendiga tus pies.

(1810)

“Tú, pecador

El hombre que se mentía a sí mismo

Mal camino lleva quien se dice cosas a sí mismo. Peor aún si comienza mintiendo. Porque el muy desvergonzado dice: alma mía, donde debería decir: cuerpo mío.

Me diré a mí mismo: «alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe, banquetea alegremente». ¿Qué parte de sí mismo se hacía a sí mismo semejante invitación? Era la carne, esa pobre carne tocada por el pecado, y que tiende siempre, curiosamente, hacia la horizontal. Por eso comienza diciendo: «Descansa, túmbate a la bartola, no pegues ni chapa». Luego sigue por el resto de sus apetencias: «Come, bebe, sal de fiesta, diviértete»… Todas esas invitaciones se resumen en una mentira condensada en una palabra: «Vive». Si lo prefieres, te la despliego en cuatro: «Date la gran vida». Pero todo eso, al final, es muerte. Y muerte por asco. Esta noche te van a reclamar el alma. Ni siquiera te dará tiempo a cebarte. ¿Cómo te creíste dueño de tu vida?

Volvamos al principio. Para empezar, no te digas cosas a ti mismo, que te mientes. Escucha al Espíritu, deja que te muestre dónde está la Vida. Ve a Misa, y allí, alma mía, descansa, come bebe, banquetea… ¡Esto es vida!

(TOP29L)

Luchando contra Dios

Piensa en aquel Moisés que oraba sobre el monte, levantados los brazos y alzado el cayado, mientras su pueblo libraba aquel fiero combate contra Amalec. Piensa en aquel Jacob que pasó la noche entera luchando contra Dios a brazo partido, hasta que, ya al amanecer, le arrancó su bendición. Piensa, por último, en Jesús postrado en Getsemaní y sudando sangre para obtener la redención del hombre…

Contempla esas tres escenas, y te darás cuenta de que, en ocasiones, la oración tiene mucho de combate con el Cielo. Aunque, en ese combate, al final, Dios siempre se deja vencer. Sólo el necio abandona la lucha antes de obtener la bendición.

Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está molestando, le voy a hacer justicia, no sea que siga viniendo a cada momento a importunarme.

Es preciso importunar, ser tan pesados con Dios que Dios no pueda soportarnos. Y vale la pena. Porque muchas cosas se escapan de nuestras manos: Un hijo que se descarría, un amigo que agoniza sin sacramentos, la situación de nuestro mundo… Nada podemos hacer para solucionar esos problemas, salvo rezar. Y rezar mucho. Y ponernos muy pesados. Venceremos a Dios.

(TOC29)

El descanso de los santos

cristianoParece paradójico hablar de descanso en los santos. Más bien da la impresión, leyendo sus vidas, de que no tuvieron tiempo para ellos. Desde que santa Teresa salió de La Encarnación, toda su vida fue un constante ir de acá para allá, sin apenas reposo. Y cuando ese «acá» o ese «allá» eran lugares difíciles y áridos, y la salud no acompañaba, cualquier buen amigo le hubiera sugerido un descanso que ella nunca tomó. ¡Cómo le costaba recorrer Andalucía en verano, con aquel hábito de lana de ocho kilos que todavía usan sus hijas! Y, sin embargo…

Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.

Por contradictorio que parezca, no hubiera podido la santa llevar a cabo esa tarea si no hubiera estado muy descansada. Lo estaba. Porque mientras el cuerpo se desgastaba, el alma estaba bien asentada en Dios, en el sosiego del discípulo que tiene la cabeza apoyada en el pecho del Maestro.

Cuando el alma está descansada, cualquier trabajo se puede afrontar con alegría. Pero, cuando el alma está cansada… hasta la siesta cansa.

(1510)

De pájaros y hombres

Cuando quiere Jesús explicarnos el modo en que su Padre Dios cuida de nosotros, dirige nuestra mirada a los cielos y la clava en los pájaros: ¿No se venden cinco pájaros por dos céntimos? Pues ni de uno solo de ellos se olvida Dios. No tengáis miedo: valéis más que muchos pájaros.

No es la primera vez que recurre Cristo a esta imagen. Ya antes había dicho: Mirad los pájaros del cielo: no siembran ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos? (Mt 6, 26).

No nos acaba de gustar. Tengo una feligresa que sufre «pajarofobia», y que habrá dejado de leer estas líneas en el primer párrafo. Pero, aparte de eso, el que nos compare Jesús con los pájaros no acaba de hacernos gracia. Porque el pájaro no decide adónde va, ni qué va a comer, ni de qué color llevará el abrigo. Es niño ante Dios, se deja cuidar y proteger. Nosotros queremos ser mayores, decidir sobre nuestra vida y que se cumplan nuestros planes.

Seguiremos diciendo aquello de «libre como un pájaro». Pero sólo lo cumpliremos cuando renunciemos a controlarlo todo y nos dejemos cuidar por Dios.

(TOP28V)

Ahí hay un hombre que dice «¡Ay!»

No son maldiciones. Los ayes de Jesús son los dolores de Dios.

Pero el «ay» de Jesús es el Crucifijo. Como en nuestras antiguas monedas, la Cruz está en el reverso de todos los ayes del Señor.

¡Ay de vosotros, que edificáis mausoleos a los profetas, a quienes mataron vuestros padres!… Jesús es el Profeta muerto a manos de los hombres. Y quienes edificaron mausoleos a los profetas antiguos después lo asesinaron a Él. Qué fácil es honrar a un profeta muerto, que ya no molesta, y no se queja cuando se manipulan sus palabras. Pero al Pastor que nos indicó el camino del Cielo lo matamos, porque no bendecía nuestros crímenes.

¡Ay de vosotros, maestros de la ley, que os habéis apoderado de la llave de la ciencia: vosotros no habéis entrado y a los que intentaban entrar se lo habéis impedido! La Cruz es la puerta que se abrió a precio de sangre para nuestra salvación. Pero no la cruzamos, no quisimos entregar la vida. Y así, con nuestro mal ejemplo, impedimos a otros entrar.

Por eso, cuando leas los ayes de Jesús, sitúate en el reverso, en la Cruz, y súfrelos con Él. Mejor sufrirlos que provocarlos.

(TOP28J)

Tiempos convulsos

¡Qué bien pueden aplicarse a la Historia de nuestra patria aquellas palabras del Señor!:

Bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.

Porque en España se ha escuchado y se ha cumplido mucho la palabra de Dios. Ni siete siglos de dominación musulmana lograron extinguir esa semilla sembrada en los corazones de los hispanos. Y se cumplió y floreció hasta tal punto que se extendió más allá del Océano y se propagó por toda América. Ningún país ha dado más alegrías a la Iglesia que España.

Pero vivimos tiempos convulsos, y los relatos de conveniencia quieren suplir a la Historia. No importa que sean mentira, si son voceados y aceptados sin respuesta. Quienes difundieron el Evangelio de Cristo son ahora los tatarabuelos del fascismo. Y deben pedir perdón a los apóstoles de los nuevos evangelios: el lenguaje inclusivo, el transgénero, el feminismo, el animalismo, el veganismo, el homosexualismo, el aborto, la eutanasia… Quienes acusan a la Iglesia de arrasar las culturas indígenas pretenden arrasar el cristianismo y poner en su lugar las nuevas doctrinas.

La misma Virgen del Pilar que animó a Santiago nos anima hoy a nosotros. Urge una nueva evangelización de España y desde España.

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