Tú, pecador

31 octubre, 2022 – Espiritualidad digital

Pecadores que han amado a Jesucristo

No me cansaré de repetirlo, en mi parroquia lo digo todos los años, cuando veo caras tristes en este día: dejad la tristeza para mañana, hoy es día de luz y de gloria. Sé que el día de difuntos es laborable en España, y muchos aprovechan esta fiesta para visitar los cementerios. Pero hoy celebramos a los hombres y mujeres más felices entre los hijos de Adán: a aquellos que ya han llegado a su destino, y disfrutan del banquete de bodas del Cordero.

Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. La Iglesia nos abre hoy las puertas del Cielo, y nos muestra la dicha de los santos. Son seres como nosotros, llenos de debilidades, tentados y probados, que cayeron y se levantaron muchas veces, y que amaron locamente a Jesucristo. Porque eso es un santo: un pecador que ama locamente a Jesucristo.

Ellos nos recuerdan que estamos en camino, que somos peregrinos y extranjeros en el mundo, en busca de nuestro Hogar. Y, conforme avanzamos, vamos dejando atrás personas y escenarios, sin instalarnos en lugar alguno hasta que lleguemos a Casa.

Cada día nos falta menos, si cada día amamos más.

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Armatostes y gloria accidental

No todas las almas que están en el Cielo disfrutan por igual. Llamadlo, si queréis, las «muchas moradas», como lo llamaba el Señor, o «gloria accidental», como lo llaman los teólogos. Podría decirse, en lenguaje llano, que todos disfrutan «al máximo», pero ese «máximo» es diferente en unos y en otros. No es lo mismo llegar a la fuente con un vaso que con una jarra; ni con una jarra que con el Océano, como la Virgen. Por eso dice la Escritura: Correré por el camino de tus mandatos cuando me ensanches el corazón (Sal 119, 32).

De todas formas, por mucho que Dios nos ensanche el corazón, poco nos aprovechará si lo llenamos de armatostes (me encanta esa palabra). Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; y serás bienaventurado, porque no pueden pagarte; te pagarán en la resurrección de los justos. A Él le gusta invitar a su banquete a los pobres, porque tienen más hambre y disfrutan más. Mucha gente bosteza en misa porque ya venían saciados antes de entrar. En cuanto a ti, si renuncias a recibir paga en la tierra por tus buenas obras, harás más sitio para la paga del Cielo.

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