Tú, pecador

29 octubre, 2022 – Espiritualidad digital

«Zaqueado» y, encima, feliz

zaqueoNo sé si la copa de un sicomoro es lugar confortable. Pero cuando Jesús, al ver a Zaqueo encima del árbol, le dijo: Date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa, reamente le estaba diciendo: «Estás muy cómodo ahí, baja y ábreme las puertas de tu hogar». Zaqueo bajó, e introdujo a Cristo en su casa. Jesús no es invitado cómodo. Te saquea la nevera, levanta las alfombras y saca a la luz la suciedad oculta durante años, te hace enrojecer… y lo llena todo de alegría. Vale la pena, en cualquier caso.

Hay tres formas de relacionarse con Cristo. Una es la de quien «soporta» al Señor: va a misa por obligación, reza porque tiene que rezar, y está esperando a que termine la misa y concluya la oración para entregarse a lo suyo. Otra es la del «fan»: está a favor de Jesús, le aplaude y lo ensalza… desde el sillón; él no se mueve. La tercera es Zaqueo: deja a Cristo entrar hasta la cocina, se deja robar por Él y se lo entrega todo. Así han sido los santos.

Sé que crees en Jesús. Pero ¿te dejarás «zaquear» por Él?

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Misterios del sábado

Te aconsejo que los sábados, desde la mañana, tomes la mano de la Virgen y te dirijas al sepulcro del Señor. Su sagrado cuerpo, dormido en la muerte, aún está ahí dentro, como el grano de trigo. Silencioso, tranquilo, entregado. Contémplalo y recógete.

Cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto… Ahí lo tienes, no puede haber puesto más «último». Bajo tierra, oculto a las miradas de los hombres, tras haber muerto cubierto de infamias como desecho de la Humanidad. Y, más que sentado, postrado. Si «humildad» viene de «humus», que significa «tierra», la humildad del Hijo de Dios fue llevada hasta el extremo en este sepulcro.

Y ahora espera.

Para que, cuando venga el que te convidó, te diga: «Amigo, sube más arriba». Espera a que sus enemigos sean puestos como estrado de sus pies (Heb 10, 13), cuando se cumplan, mañana, las palabras del Apóstol: Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre (Flp 1, 9-11).

Qué día tan misterioso, el sábado.

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