Evangelio 2022

24 septiembre, 2022 – Espiritualidad digital

Los cinco hermanos de Epulón

Sabía bien lo que decía Jesús cuando terminaba así su parábola: Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto.

Cada domingo, el aire trae la noticia de que ha resucitado un muerto. Y quienes no quieren escuchar, los cinco hermanos de Epulón, siguen sin creer. Algunos, precisamente porque no quieren escuchar, no se acercan a la Iglesia. Otros sí, porque entre los hermanos de Epulón hay de todo. Pero se acercan y no escuchan, no se dejan transformar por lo que oyen. Salen del templo tan ricos como entraron: perfectos dueños de sus vidas. Han consumido religión, y después irán al bar a consumir cerveza.

Porque ésa es la diferencia entre Epulón y Lázaro; los langostinos son una anécdota. Epulón es dueño de su vida: él decide cuándo come y cuándo ayuna, cuándo da limosna y cuándo sale de crucero. Lázaro, en cambio, sólo implora. Está, como Cristo, en manos de Dios y de los hombres. Porque Lázaro es Cristo.

Tú escucha: Ha resucitado un muerto. Con su muerte te ha comprado, y ahora vives para Él. Él es tu riqueza. Eres hermano de Lázaro, no vivas como hermano de Epulón.

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Entregado

panA cualquier mujer que tenga un hijo pequeño le horrorizará esta pregunta: «¿Entregaría usted a su hijo en manos de alguien que va a matarlo? ¿No lo haría ni siquiera por amor?». No hay mujer en este mundo que respondiera afirmativamente a esta cuestión. Ni hay amor tan grande en esta tierra que moviera a una mujer a entregar a su hijo en manos de quien va a matarlo. Paradójicamente, lo que no puede el amor lo puede el pecado. Hay mujeres que entregan a su hijo no nacido en manos de quien lo matará en su propio vientre. No es, precisamente, el amor lo que las mueve.

Lo terrible, lo sobrecogedor, es que Dios, por amor a esas mujeres, y a ti, y a mí, haya entregado a su Hijo Unigénito, a su Amado, en manos de los hombres, cuando sabía que los hombres lo clavarían en una cruz.

Meteos bien en los oídos estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres.

Quisiera desagraviar. Hoy, durante la Eucaristía, Dios entregará a su Hijo en mis manos. Y en las tuyas, cuando comulgues. Borremos, con nuestro ferviente amor, la huella de tantas ofensas.

(TOP25S)

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