Evangelio 2022

17 septiembre, 2022 – Espiritualidad digital

Los bonos del Tesoro

«¡Fernando! ¡He comprado bonos del tesoro!» Me lo dijo mi primer párroco, cuando yo acababa de ser ordenado sacerdote. Había vendido todos sus ahorros, los que guardaba para su jubilación, y había pagado con ellos una deuda de la parroquia. Estaba radiante.

Contrasta esa alegría con las preocupaciones que a tantos les causa el dinero. Cuando lo creemos nuestro, él nos hace suyos y nos secuestra el corazón. Noches en vela, haciendo números en la cabeza; cálculos y más cálculos; hagamos un «colchón», protejámonos… Un sinvivir.

No podéis servir a Dios y al dinero. Y la única manera de servir sólo a Dios es recordar que no somos dueños, sino administradores. Que administramos para Dios cuanto tenemos, y que Él se encargará de que no falte lo necesario.

¿Cómo quiere Dios que administres su dinero? Ahí van tres consejos de buen administrador:

1.–Compra bonos del Tesoro. Y diversifica. Haz tres partes: una para ti, otra para los pobres, otra para la Iglesia. Pregunta al Amo por el montante de cada una.

2.– Evita gastos superfluos. No emplees un dinero que no es tuyo para cosas que no necesitas.

3.– Lleva cuentas de tus gastos. Tendrás que presentarlas un día.

(TOC25)

La mentira del terreno pedregoso

Tres verdades y una mentira. Cuando la semilla cae al borde del camino, nadie espera que germine. Cuando cae entre abrojos, queda claro que no podrá crecer. Y la tierra buena es tierra «de fiar», sabemos que la semilla germinará. En cambio, el terreno pedregoso es el reino de la falacia; promete mucho y no da nada.

Otra parte cayó en terreno pedregoso, y, después de brotar, se secó por falta de humedad. Los tallos brotan pronto, porque apenas hay hondura de tierra. Y, al verlos, te alegras. Pero según vas colgando en aquellos tallos tus esperanzas, el verde se vuelve pardo y lo húmedo se vuelve seco. Todo fue una gran mentira.

Son los que, al oír, reciben la palabra con alegría, pero no tienen raíz; son los que por algún tiempo creen, pero en el momento de la prueba fallan. Son quienes tienen una piedad sensiblera, buscan consuelos y emociones. Por eso fallan en el momento de la prueba y la sequedad. Cuando ese momento llega, la fe debe estar muy arraigada en lo hondo del espíritu para que pueda perseverar.

No basta con que reces mucho. Fórmate bien. Estudia. Y jamás apartes los ojos de la Cruz.

(TOP24S)

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad