Evangelio 2022

agosto 2022 – Página 2 – Espiritualidad digital

Cristo como meta

El joven rico se acercó a Jesús buscando heredar vida eterna. Cristo, para él, era una ayuda más, un maestro que podía ayudarle a encontrar lo que deseaba. Lo mismo puede decirse de gran parte de los enfermos que se acercaban al Señor; buscaban salud, y Jesús era el médico que podía devolvérsela. Todas estas personas tenían una meta en la vida, y veían en el Hijo de Dios a alguien que podría ayudarles a conseguirla. Cristo era, para ellos, lo que es para mí el dependiente de la frutería: aquél que puede proporcionarme lo que necesito.

Aquel de quien escribieron Moisés en la ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret. ¡He aquí la grandeza de Felipe, de Bartolomé, de Juan…! Para ellos, Jesús representa el final de la búsqueda. No buscan algo distinto de Él y le piden ayuda para encontrarlo, sino que lo buscan a Él. Una vez hallado, han alcanzado la meta y descansan en Él. Lo mismo le sucedió a Edith Stein, quien, al conocer al Señor, exclamó: «¡Aquí está la verdad!». Fin de trayecto.

Ojalá, al acercarte a Jesús, no lo busques sino a Él. Y, al encontrarlo, descanses.

(2408)

Lo que haces y lo que eres

Un principio filosófico elemental dice que «operari sequitur esse». En español: «El obrar sigue al ser». El ladrón roba, el mentiroso miente, el generoso entrega y el miedoso tiembla. Aunque las cosas no siempre son tan sencillas. En ocasiones, el «esse» es retorcido y el «operari» engañoso.

¡Fariseo ciego! Limpia primero la copa por dentro, y así quedará limpia también por fuera.

Lo de fuera es el «operari», lo que hacemos, lo que los demás ven de nosotros. Lo de dentro es el «esse», lo que realmente somos. Aquellos fariseos lucían el «operari» de los santos: rezaban, daban limosnas, cuidaban los preceptos de la Ley… pero escondían el «esse» de los demonios: por dentro estáis rebosando de robo y desenfreno.

Limpia primero la copa por dentro. No más latinajos. Cuando examines tu conciencia, no te conformes con mirar lo que has hecho o dejado de hacer; mira en lo profundo del corazón. Porque, aunque hayas llenado el día de obras buenas, si eres soberbio lo habrás hecho todo por aparentar o por sentirte bueno. Y, aunque hayas fracasado en todos tus propósitos, si eres humilde, tu contrición agradará mucho a Dios.

Sólo el Espíritu puede transformarte por dentro. Déjate quemar.

(TOP21M)

Esclava y Reina

Divinos contrastes. Si preguntas a la santísima Virgen: «¿Quién eres?», ella te responde: He aquí la esclava del Señor. Ahora preguntémosle a san Juan por esa esclava, y nos responderá: Un gran signo apareció en el cielo: una mujer vestida del sol, y la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza (Ap 12, 1).

Una mujer vestida de sol. Y el sol es Cristo. Dice el Apóstol: Revestíos más bien del Señor Jesucristo (Rom 13, 14). María es la llena de gracia. Y esa gracia es fruto adelantado de la Pasión de Jesús. Por eso, antes de concebir al Verbo en su vientre, ya estaba su alma revestida de santidad.

La luna bajo sus pies. Esa luna es la Iglesia, reflejo de la luz de Cristo. Pero es, también, tu alma. ¿No quisieras pasar la vida a los pies de la Señora? ¿No quisieras ser el esclavo de la esclava?

Una corona de doce estrellas sobre su cabeza. Son las doce tribus de Israel. Pero, también, los doce apóstoles. Esa corona se la ha entregado su Hijo. Y ella se la entregará a las almas fieles que descansen, como niños, eternamente en su regazo.

(2208)

Los peligros de una piedad sin Cruz

Dos mil años después de que la formulara aquel judío, la pregunta sigue abierta: ¿Son pocos lo que se salvan?

El interrogante se podría haber cerrado entonces, puesto que era el propio Dios el destinatario de la pregunta. Pero, tras escucharla, no dio una respuesta, sino un consejo:

Esforzaos por entrar por la puerta estrecha.

Y, tras el consejo, una respuesta a la pregunta inversa, es decir, a la de si son pocos los que se condenan.

Muchos intentarán entrar y no podrán.

Tampoco esta respuesta concluye nada, puesto que bien puede ser tomada como una advertencia. Advertencia, por cierto, muy grave, puesto que esos muchos no son precisamente gentiles, sino personas religiosas: Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas. Ya se ve que comulgaban y escuchaban la homilía. Como para echarse a temblar.

Más bien, como para echarse a amar. Son personas que rezan, pero no renuncian a nada ni entregan la vida. Su piedad es una mística sin ascética, una piedad sin Cruz.

Nadie se salvará sin oración. Pero tampoco se salvará quien no se esfuerce por cruzar esa puerta. Por eso, reza mucho y, mientras reces, jamás apartes los ojos del Crucifijo.

(TOC21)

Pecadores enamorados

Me resulta imposible leer con tranquilidad estas palabras:

En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen.

¿Acaso no puede decirse lo mismo de nosotros? (perdonad el plural). Sé que cuanto proclamo desde el ambón, y lo que escribo en estas líneas, es verdadero, es el camino de la vida mostrado por Cristo y por la Iglesia. Pero ¿me atrevería a pedirle a quienes me escuchan o me leen que lo recorran como lo recorro yo, que hicieran lo que yo hago? No, desde luego que no. ¿Y vosotros?

Si no podemos ser ejemplo de virtud, seamos ejemplo de deseo. Que quienes nos rodean sepan que amamos a Cristo y deseamos ser santos, aunque nos vean caer. También nos verán levantarnos. Que podamos decir a quienes afeen nuestra conducta: «Desea lo que yo deseo, y no hagas lo que yo hago».

Porque lo peor que dice el Señor sobre los fariseos no es que no hagan lo que dicen, sino que no están dispuestos a mover un dedo. Por eso sabemos que, realmente, no querían.

(TOP20S)

Muy por encima de la Ley y los profetas

A Moisés le entregó Dios la Ley en lo alto de un monte. Y a ese monte subía quien cumpliera aquellos preceptos. Una vez alcanzada la cima, allí esperaba al Mesías el judío observante.

«Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente». Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». En estos dos mandamientos se sostienen toda la Ley y los Profetas.

Pero la ley y los profetas llegan hasta Juan (Lc 16, 16). Al cristiano se le da más, y se le pide más, porque el cristiano recibe el Espíritu que aún no había sido derramado en tiempos de Moisés.

Amamos a Dios con todo el corazón de Cristo, con toda el alma de Cristo, con toda la mente de Cristo. Y amamos al prójimo según el Mandamiento Nuevo, como Cristo nos amó.

Para amar así, para ser elevados tan por encima de la Ley, no basta con vivir en gracia; es preciso vivir de la gracia, tener verdadera vida espiritual. Nuestra oración debe identificarnos con Cristo de tal manera que sea Él quien ame en nosotros.

(TOP20V)

Bodas y entierros

Nada más lejos del verdadero cristianismo que esa caricatura del hombre adusto, siempre serio, sobrio hasta el reproche, que ni fuma, ni bebe, ni ríe, ni se rasca. Yo jamás hubiera canonizado a la señorita Rottenmeier.

Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda. El cristiano, más bien, tiene que parecer alguien que invita a los hombres a una boda. Y si un vegano abstemio me invita a una boda, yo no voy.

Cada vez más, la imagen que muchos hombres tienen de la Iglesia es la de una gran enterradora. No van a misa más que cuando deben asistir a un funeral. Y, cuando no hay muerto de por medio, ningún vivo les habla del Cristo ni de la alegría de la salvación. ¿Qué van a pensar, entonces? Que somos una inmensa empresa de pompas fúnebres.

Culpa nuestra. El Señor nos mandó que invitásemos a los hombres a una boda, y nosotros esperamos a morirnos para invitarlos a un entierro.

A todos los que encontréis, llamadlos a la boda. Que no se cruce nadie en tu camino a quien no hayas procurado transmitir la alegría del Amor de Dios.

(TOP20J)

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