Evangelio 2022

20 agosto, 2022 – Espiritualidad digital

Los peligros de una piedad sin Cruz

Dos mil años después de que la formulara aquel judío, la pregunta sigue abierta: ¿Son pocos lo que se salvan?

El interrogante se podría haber cerrado entonces, puesto que era el propio Dios el destinatario de la pregunta. Pero, tras escucharla, no dio una respuesta, sino un consejo:

Esforzaos por entrar por la puerta estrecha.

Y, tras el consejo, una respuesta a la pregunta inversa, es decir, a la de si son pocos los que se condenan.

Muchos intentarán entrar y no podrán.

Tampoco esta respuesta concluye nada, puesto que bien puede ser tomada como una advertencia. Advertencia, por cierto, muy grave, puesto que esos muchos no son precisamente gentiles, sino personas religiosas: Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas. Ya se ve que comulgaban y escuchaban la homilía. Como para echarse a temblar.

Más bien, como para echarse a amar. Son personas que rezan, pero no renuncian a nada ni entregan la vida. Su piedad es una mística sin ascética, una piedad sin Cruz.

Nadie se salvará sin oración. Pero tampoco se salvará quien no se esfuerce por cruzar esa puerta. Por eso, reza mucho y, mientras reces, jamás apartes los ojos del Crucifijo.

(TOC21)

Pecadores enamorados

Me resulta imposible leer con tranquilidad estas palabras:

En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen.

¿Acaso no puede decirse lo mismo de nosotros? (perdonad el plural). Sé que cuanto proclamo desde el ambón, y lo que escribo en estas líneas, es verdadero, es el camino de la vida mostrado por Cristo y por la Iglesia. Pero ¿me atrevería a pedirle a quienes me escuchan o me leen que lo recorran como lo recorro yo, que hicieran lo que yo hago? No, desde luego que no. ¿Y vosotros?

Si no podemos ser ejemplo de virtud, seamos ejemplo de deseo. Que quienes nos rodean sepan que amamos a Cristo y deseamos ser santos, aunque nos vean caer. También nos verán levantarnos. Que podamos decir a quienes afeen nuestra conducta: «Desea lo que yo deseo, y no hagas lo que yo hago».

Porque lo peor que dice el Señor sobre los fariseos no es que no hagan lo que dicen, sino que no están dispuestos a mover un dedo. Por eso sabemos que, realmente, no querían.

(TOP20S)

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