Evangelio 2022

agosto 2022 – Espiritualidad digital

Muy por encima de la Ley y los profetas

A Moisés le entregó Dios la Ley en lo alto de un monte. Y a ese monte subía quien cumpliera aquellos preceptos. Una vez alcanzada la cima, allí esperaba al Mesías el judío observante.

«Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente». Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». En estos dos mandamientos se sostienen toda la Ley y los Profetas.

Pero la ley y los profetas llegan hasta Juan (Lc 16, 16). Al cristiano se le da más, y se le pide más, porque el cristiano recibe el Espíritu que aún no había sido derramado en tiempos de Moisés.

Amamos a Dios con todo el corazón de Cristo, con toda el alma de Cristo, con toda la mente de Cristo. Y amamos al prójimo según el Mandamiento Nuevo, como Cristo nos amó.

Para amar así, para ser elevados tan por encima de la Ley, no basta con vivir en gracia; es preciso vivir de la gracia, tener verdadera vida espiritual. Nuestra oración debe identificarnos con Cristo de tal manera que sea Él quien ame en nosotros.

(TOP20V)

Bodas y entierros

Nada más lejos del verdadero cristianismo que esa caricatura del hombre adusto, siempre serio, sobrio hasta el reproche, que ni fuma, ni bebe, ni ríe, ni se rasca. Yo jamás hubiera canonizado a la señorita Rottenmeier.

Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda. El cristiano, más bien, tiene que parecer alguien que invita a los hombres a una boda. Y si un vegano abstemio me invita a una boda, yo no voy.

Cada vez más, la imagen que muchos hombres tienen de la Iglesia es la de una gran enterradora. No van a misa más que cuando deben asistir a un funeral. Y, cuando no hay muerto de por medio, ningún vivo les habla del Cristo ni de la alegría de la salvación. ¿Qué van a pensar, entonces? Que somos una inmensa empresa de pompas fúnebres.

Culpa nuestra. El Señor nos mandó que invitásemos a los hombres a una boda, y nosotros esperamos a morirnos para invitarlos a un entierro.

A todos los que encontréis, llamadlos a la boda. Que no se cruce nadie en tu camino a quien no hayas procurado transmitir la alegría del Amor de Dios.

(TOP20J)

Porque Tú eres bueno

Hay una clave escondida en la parábola de los empleados en la viña. Cuando, al finalizar la jornada, los contratados a primera hora se quejan por haber cobrado lo mismo que sus compañeros llamados al atardecer, el propietario de la viña responde: ¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno? Así sabemos que ese propietario es Dios. Nadie es bueno sino sólo Dios (Lc 18, 19).

Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia (Sal 106, 1). Por eso nos paga. No nos paga porque hayamos merecido recompensa; nos paga porque Él es bueno. Y cada día nos entrega ese denario bendito que jamás hubiéramos podido comprar con nuestro trabajo. La fila de los empleados que se acercan a por el salario es, ni más ni menos, la fila de los fieles que se acercan a comulgar de manos del sacerdote.

¡Qué gran denario es la Eucaristía! Cada día lo cobramos quienes queremos convertir la jornada en trabajo para Dios. Y Él, que tanto nos ama, nos entrega su cuerpo porque es bueno, porque es eterna su misericordia. No me da envidia que comulgue quien se ha confesado hace cinco minutos. Me llena de alegría.

(TOP20X)

El poeta y el apóstol

He leído cientos de veces el poema: «No me mueve, mi Dios, para quererte el Cielo que me tienes prometido (…) Que aunque no hubiera Cielo yo te amara». Y, cada vez que lo leo, se me llena de luz el alma con ese amor puro, reflejo limpísimo del Amor desinteresado con que ama Dios.

Pero eso no me impide comprender a Simón Pedro cuando pregunta: «¿Qué hay de lo mío?» Ya ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar? Algún puritano le reprendería, y quizá le leyera el poema para recordarle que debe amar sin esperar nada a cambio.

El Señor, sin embargo, no parece disgustado por la pregunta. Incluso le responde, y le promete un trono, una retribución del ciento por uno, y la vida eterna. No está mal.

«Que aunque no hubiera Cielo yo te amara»… Pero, como lo hay, te pido. Somos hijos de Dios. No tengamos miedo a pedir recompensa, si la pedimos con humildad. No hay nada malo en convertir en súplicas nuestras renuncias. «Jesús, esto te lo ofrezco por…» ¿Cómo no va a entendernos quien, al entregarse a su Padre, le pidió, a cambio, nuestras almas?

(TOP20M)

¡Bendito cuerpo, benditos miembros!

He celebrado la Misa de cuerpo presente por una feligresa. Minutos antes, estuve velando sus restos. Y no cesaba de admirarme ante el misterio de ese cuerpo. Esos labios habían recibido, hace dos días, el cuerpo eucarístico de Cristo. Esas manos habían desgranado miles de veces las cuentas del rosario. Esas piernas habían recorrido cada día el camino que separaba su casa del templo… Ese cuerpo –me decía a mí mismo– necesariamente, tiene que resucitar cuando haya pagado sus sábados. Sí. Hay sábados que pagar. Esos labios, esas manos, esas piernas, también pecaron.

¡Bendito cuerpo, el de María Santísima! El rostro de la Inmaculada es el rostro más hermoso que jamás poseyó mujer alguna. Su vientre fue santuario donde el Verbo Divino habitó. Sus pechos fueron alimento del Niño Dios. Sus manos vistieron con cariño a su Creador. Y jamás esos miembros ofendieron al Altísimo. Todo es pureza en ellos.

¡Cómo iba a ser pasto de gusanos un cuerpo que hizo las delicias de los ángeles! Ellos lo llevaron al Cielo, a donde pertenecía. Y nosotros, llenos de alegría, vemos en ese tránsito la dignidad que, como hijos de Dios y de María, heredaremos gozosos cuando hayamos pagado nuestros sábados.

(1508)

Nefertiti en camisón

«Estoy tremendo, estoy que crujo. Soy Nefertiti en camisón»… Escucho este anuncio en la radio cada mañana. Si compras el cupón de lotería, estarás tremendo, crujirás, serás la emperatriz en traje de noche… ¿Quién no quiere estar tremendo? La misión del vendedor es agradar y suscitar unanimidades. ¿Podría vender algo un comerciante diciendo que, si compras su cupón de lotería, lo normal será que no salga premiado?

Todo esto puede servirte para vender lotería. Pero, si quieres ser apóstol de Cristo, olvídate. Jamás podrá competir un crucificado con Nefertiti en camisón.

Jesús anuncia, pero no vende nada. El marketing le es completamente ajeno. Sus palabras no suscitan unanimidades, sino perplejidad. Algunos, fascinados con Él, lo siguen hasta la muerte. Otros, encolerizados por el anuncio, lo odian y lo matan.

¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división. Desde ahora estarán divididos cinco en una casa: tres contra dos y dos contra tres. Si quieres ser apóstol, debes renunciar a caer bien. Proclamarás la verdad sin respetos humanos. Muchos te seguirán. Otros te odiarán, pero a nadie dejarás indiferente. Tú amarás a todos, y a todos redimirás, ya sea por la palabra o por la sangre.

(TOC20)

La puerta de los niños

Me hace gracia el modo en que los apóstoles, preocupados por el descanso de Jesús, formaban, en torno a Él, un anillo de seguridad. Digo que me hace gracia por ese empeño de los Doce en cuidar del Maestro. Pero siempre me han parecido antipáticos los anillos de seguridad.

Dejadlos; no impidáis a los niños acercarse a mí. De los que son como ellos es el reino de los cielos.

Aunque la puerta es estrecha, los niños tienen libre acceso a Jesús, porque ellos no llevan equipaje. Las personas mayores se aproximaban con problemas, enfermedades, inquietudes, preguntas… No todos pudieron acercarse.

Los niños, sin embargo, no tenían otro deseo que la propia alegría de estar con Jesús. No le pedían nada. Aunque sus padres los llevaban para que Jesús les impusiera las manos y orase, los pequeños, simplemente, se echaban en brazos del Señor y se dejaban bendecir. ¡Qué bien conocemos a esos niños los sacerdotes cuando, finalizada la misa, entran en la sacristía!

En el niño parece cumplirse el salmo: Sea el Señor tu delicia, y él te dará lo que pide tu corazón (Sal 37, 4). Acércate a Jesús con esas disposiciones, y siempre encontrarás la puerta abierta.

(TOP19S)

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad