Evangelio 2022

julio 2022 – Página 3 – Espiritualidad digital

La extraña pareja

Entre Marta y María, estoy dividido. Porque mis vísceras se abrazan a Marta.

Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me eche una mano.

¡Pobrecilla! Se está deslomando, mientras su hermanita está tan tranquila, sentada, escuchando a Jesús. ¿Habéis visto la película «La extraña pareja»? Yo viví unos años con un compañero, y la clavábamos. Me afanaba en la limpieza y en la cocina mientras él rezaba. Le gritaba: «¿Puedes ir a por sal a la tienda, que se nos ha acabado?». Y él, desde su habitación, me respondía: «Es que estoy rezando». Como para abrirse las venas.

María, pues, ha escogido la parte mejor. Las vísceras se quejan, pero el alma lo entiende. Si deposito una tonelada de pan sobre el altar, y no la consagro, será sólo pan. Una miga consagrada vale infinitamente más. Así es quien trabaja y trabaja, pero no reza. Y quienes dicen: «¡Si yo estoy rezando todo el día!», son los que menos rezan, porque nunca se sientan.

Querida Marta: Ya sé que te acuerdas de Dios mientras friegas. Pero nunca te sientas. Siéntate, por favor. Al menos media hora al día. Y, después, ¡a fregar!

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Mira, escucha, contempla

Cuando Cristo se transfiguró ante Pedro, Santiago y Juan, la voz del Padre fue un eco de la que se oyó sobre el Jordán: Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco (Mt 17, 5). Pero, después, añadió algo que no había dicho entonces: Escuchadlo.

Hoy san Mateo, ante los efectos de la predicación de Jesús, recuerda unas palabras del profeta Isaías que parecían el anticipo de aquella voz: Mirad a mi siervo, mi elegido, mi amado, en quien me complazco.

Isaías dijo: Miradlo. El Padre dijo: Escuchadlo. Y ambos se referían a la misma persona, a Cristo.

¿Acaso hay otra cosa que hacer en la vida salvo mirar y escuchar a Cristo? Me dirás que hay mucho trabajo, que hay mucho bien por hacer, que es preciso cumplir la misión que Dios nos ha asignado… Y yo te respondo que sí, que tienes razón, que soy el primero en gritar que no basta rezar si la vida no se mueve. Pero también te recordaré que cualquier movimiento que no hagas con la mirada puesta en Cristo y el oído atento a su palabra es sólo bullicio.

Si el movimiento te impide contemplar, muévete menos… o reza más.

(TOP15S)

Los inocentes

Es una frase que pasa casi desapercibida pero que, cuando te fijas en ella, resulta muy sorprendente. Se la dice Jesús a los fariseos que acusan a los apóstoles de comer espigas en sábado:

Si comprendierais lo que significa «quiero misericordia y no sacrificios», no condenaríais a los inocentes.

¿Por qué llama inocentes a los apóstoles, cuando Él mismo había dicho que nadie es bueno sino solo Dios (Lc 18, 19)? La misma Escritura dice: No hay uno que obre bien, ni uno solo (Sal 14, 3).

La frase podría explicarse como una profecía. Realmente, no habla de la condena de los apóstoles, sino de la suya. Está anunciando a los fariseos que ellos condenarían al único Inocente, al Cordero sin mancha.

Pero también podría explicarse como un anuncio de la justificación. Esos apóstoles, nacidos en pecado, serán justificados y hechos inocentes por la sangre del Cordero. Y las espigas que ahora comen, como aquellos panes de la proposición que comieron David y sus hombres, no son sino un anuncio del alimento de los inocentes, la Eucaristía.

En cualquier caso, la diferencia entre los fariseos y Cristo queda patente: mientras ellos juzgan y crean culpables, Jesús redime y crea inocentes.

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Para no sufrir más que lo justo

Un buen propósito que te recomiendo es el de no sufrir más que lo necesario. Yo me regalé ese propósito hace años, aunque no siempre lo cumplo.

Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas.

Realmente, el Señor te está sugiriendo el mismo propósito. Porque los sufrimientos van incluidos en el pack de la vida, una buena parte de ellos no se pueden evitar. La virtud de la mansedumbre te enseñará a reconciliarte con ellos, y a abrazarlos como lo que son: el yugo amoroso de Jesús sobre tus hombros. Los sufrirás, pero también experimentarás que mi yugo es llevadero y mi carga ligera.

Sin embargo, si no eres manso, sufrirás por partida doble. Porque, además del sufrimiento que te trae la vida, sufrirás la rebeldía interior ante esa prueba. Y, muchas veces, esa rebeldía interior duele más que la propia tribulación.

Recuerda a los dos ladrones que fueron crucificados junto a Jesús. ¿Quién de los dos sufrió más? El bueno sufrió la cruz unido a Cristo. El malo sufrió la cruz, la soledad y la rebeldía.

Ser manso significa no sufrir más que lo necesario, y convertir el dolor en amor.

(TOP15J)

El «meteorito joánico»

Escuché una vez decir que al párrafo del evangelio de Mateo que hoy leemos en Misa se le ha llamado el «meteorito joánico». ¡Pum! Como si un fragmento del evangelio de Juan se hubiera desprendido y hubiera colisionado con el de Mateo… Tiene sentido. Hay expresiones, en este párrafo, que aparecen varias veces en el cuarto evangelio.

Todo me lo ha entregado mi Padre. Y, en san Juan: Sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos (Jn 13, 3)… Todo lo que me da el Padre vendrá a mí (Jn 6, 36). En ese «todo» estamos nosotros. El Padre nos entregó al Hijo para que el Hijo nos redimiera.

Pero, una vez redimidos, también el Hijo nos lo ha entregado todo a nosotros. Dice san Pablo: Todo es vuestro, vosotros de Cristo y Cristo de Dios (1Co 3, 23).

Mira a tu familia, tus vecinos, tus amigos… Todo te lo ha entregado Cristo. Los ha puesto en tus manos para que los cuides, les lleves el Amor de Dios y les anuncies su palabra. Un día te preguntará por los que te dio. Ojalá puedas responder: He manifestado tu nombre a los que me diste (Jn 17, 6).

(TOP15X)

El hombre más solitario del mundo

Una misma palabra del Señor adquiere matices y tonalidades muy distintas, según el lugar donde te sitúes para escucharla. Fíjate:

Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al abismo. Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que en ti, habría durado hasta hoy.

Sitúate en Cafarnaún, y te sentirás acusado por tu tibieza, por tu falta de gratitud ante las maravillas que el Señor ha hecho en tu vida. De esa oración brotarán una sincera compunción y santos deseos de conversión y reparación.

Mueve ahora la silla, tráela al corazón del Salvador, y escucha sus palabras desde ese palco. Advertirás, conmovido, que Jesús se siente rechazado en este mundo. Las ciudades más queridas para Él, aquéllas en las que ha realizado la mayoría de sus milagros, lo han utilizado, pero no lo han recibido en sus corazones, ni ha acogido su misterio en sus almas, ni se han convertido. ¡Qué soledad, la del Señor! Rodeado por multitudes, e incomprendido. Se sirvieron de Él, pero no lo amaron.

Entonces, llorarás: «¡Oh, Jesús! Si otros no te amaron, yo te amo. No sólo eres mi médico. Eres mi Salvador y mi vida. Aunque nada me dieras, soy tuyo». Amén.

(TOP15M)

Una fuerza descomunal

san benitoPensad en las fuerzas más descomunales que puedan desatarse sobre la tierra: un terremoto, el choque de un asteroide contra un continente, una bomba atómica… Todas generan destrucción y muerte a su paso.

Sin embargo, existe una fuerza muy superior a todas ellas, capaz de propagar su onda expansiva, no sólo en la tierra, sino en la Historia, sacudiendo los siglos en una ola de vida y amor. No hay fuerza como ésa. Y es la fuerza desencadenada por un hombre que se decide a ser santo sin reservas.

Todo el que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna. Hace quince siglos que Benito de Nursia se decidió a ser san Benito. Y la Orden Benedictina cambió por completo el alma y la faz de Europa. Durante siglos, sus monasterios fueron los pulmones espirituales y culturales del Viejo Continente. Y, aún hoy, esos monasterios, salpicados por toda Europa, son reservorios silenciosos de piedad y vida espiritual.

¿Imaginas lo que podría suceder si tú, que tienes la misma gracia que Benito, te decidieras, sin reservas a ser santo? No, no lo imaginas. Pero ojalá lo descubras.

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