Evangelio 2022

julio 2022 – Página 2 – Espiritualidad digital

Aparcar el coche y redimir almas

Desde el momento en que abro la puerta del coche para conducir hasta Madrid, aviso a mi ángel de que estoy saliendo, para darle tiempo a que me consiga una plaza de aparcamiento. He descubierto que, si se lo pido al llegar, se lo pongo muy difícil al pobre.

«¡Qué tontería!», pensaréis. Cierto. Pero la vida también se compone de tonterías simpáticas, que forman parte del coloquio con amigos del Cielo. Luego están las cosas serias. No es lo mismo pedir aparcamiento al ángel que pedirle almas a Dios.

Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá. Quienes pedís con lágrimas por vuestros hijos, vuestros nietos o vuestros amigos, como pido yo por mis feligreses, acordaos de santa Mónica. Dios nunca rechaza esa oración. Pero las almas son muy caras.

Para obtener almas, debemos pedir desde la Cruz, mezclar nuestras lágrimas con las de Cristo, y unir a la ofrenda del Calvario el sacrificio de nuestras vidas. Sobre todo, no le marquéis plazos a Dios. Si quiere teneros pidiendo durante años, no desfallezcáis. Veréis el fruto desde la tierra, o desde el Cielo. Dios no puede negar almas a quien se las pide con lágrimas.

(TOC17)

La unión del santo con Cristo

Podría parecer, durante las turbulencias de la vida, que la unión del alma con Cristo es como la de dos personas que se agarran fuertemente de la mano en medio de una avalancha de gente, procurando que la multitud desbocada no los separe. Así, mientras el alma es zarandeada por las urgencias y las contrariedades del día a día, lucha por no olvidarse de Dios.

Podría parecer, durante los momentos de oración más recogida, que la unión del alma con Cristo es como la de dos amantes que se abrazan y gozan cada uno, mientras dura el abrazo, de la cercanía del otro.

Pero ninguna de esas dos imágenes explica la unión de los santos con Cristo. Ni las manos ni los brazos pueden atrapar eternamente al ser querido.

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El santo está unido a Cristo como el sarmiento a la vid. Sin dejar de ser dos, son uno solo. Esa unión no la obran manos ni brazos, sino la gracia y la palabra. La gracia es la savia que une interiormente el sarmiento a la vid. La palabra, que permanece en el alma del santo, la fecunda y alumbra en ella sus frutos.

(2307)

Almas que moran en el silencio

María MagdalenaUn hombre sin ilusión es un hombre muerto. El ser humano necesita volcar su vida en un propósito. Y, así, hay quienes se vuelcan en su familia, quienes se entregan por completo a su trabajo, quienes se desviven por una afición o un deporte… Nada más triste que el hombre aburrido.

Lo grande de María Magdalena no es que vuelque su vida en Cristo. Eso es grande, enorme, descomunal. Pero lo hemos visto en san Pablo, en san Juan, en san Pedro y en todos los santos. Lo que convierte en excepcional a esta bendita mujer es que vuelca su vida en Cristo cuando lo cree muerto, es decir, cuando Cristo, aparentemente, no está allí. Y eso hace que María Magdalena vuelque su vida en las tinieblas. De ahí su llanto.

Mujer, ¿por qué lloras? Ella responde: Porque se han llevado a mi Señor. ¡Benditas lágrimas! No llora, como tantos, por algo presente: una enfermedad, una humillación o una contrariedad. Llora por el Ausente, y eso la sumerge en la vida mística.

La grandeza de María Magdalena es la de quienes deciden habitar en el silencio, y no aceptar consuelo alguno hasta que no sean despertados por una palabra: ¡María!

 (2207)

Esta pobre carne nuestra

Dice san Pablo que el deseo de la carne es hostil a Dios, pues no se somete a la ley de Dios; ni puede someterse (Rom 8, 7). Nuestra carne es santa, y más después de haber sido asumida por el Verbo divino y destinada a la gloria. Pero, a causa del pecado, hasta que no sea purificada por la muerte, nuestra carne es atea. No sabe conocer a Dios ni someterse a Él.

A vosotros se os han dado a conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. La palabra de Dios debe ser escuchada en lo profundo del alma. La carne no puede entenderla. Sólo al espíritu le revela el Espíritu las profundidades del Amor. Y allí, en el silencio del santuario interior, se alumbran los gozos de la vida eterna.

La pobre carne, en cambio, no entiende. Ve la Cruz, y tiembla. No te extrañen esos miedos. Y no pienses que pecas contra la confianza en Dios por sentir angustia a causa de las tribulaciones de la vida. Hay tanto pecado en esa angustia como en un dolor de cabeza. Deja a la carne y al corazón en la Cruz. Allí serán purificados.

(TOP16J)

La tierra poco profunda y el «cristianismo emocionante»

La parábola del sembrador tiene cuatro escenarios, cuatro lugares en los que cae la semilla. Consideremos hoy dos de ellos.

Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era profunda brotó enseguida. Seguramente, el mejor terreno para conseguir resultados rápidos. Haz que sientan, que lloren, que canten, que bailen, que se abracen. Sírvete de buenos efectos de luz y sonido, sumérgelos en una experiencia impactante, y saldrán convertidos y entusiastas, aunque no sepan recitar los mandamientos del Decálogo… Pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó.

Otra cayó en tierra buena y dio fruto; una, ciento; otra, sesenta; otra, treinta. Aunque tarda más en aflorar. Una buena catequesis puede durar años. Explicar la Escritura, desgranar la doctrina, educar en el misterio, como hacían los primeros cristianos con los catecúmenos, es siembra laboriosa. Pero produce santos y sabios, capaces de surcar el desierto y perseverar.

No es mala la siembra de los afectos, si después se pasa a la del alma. Lo que me da pena es que haya cristianos sabios que se vuelvan del desierto para chapotear en el «cristianismo emocionante». Eso es un paso atrás.

(TOP16X)

¿Y qué quiere Dios de ti?

Es tan maravillosa la promesa, que deberíamos asegurarnos por todos los medios de poder alcanzarla.

El que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano, y mi hermana y mi madre.

Conocer la voluntad de Dios no siempre es fácil. Lo fácil es identificarla con la nuestra. «Si yo lo quiero, lo quiere Dios. Y, si no lo quiere, ya me encargaré yo de que lo quiera». Pero, de este modo, jamás podrás ser hermano, hermana y madre de Cristo. Tan sólo soñarás con ser su jefe.

Para conocer la voluntad de Dios es preciso rezar mucho, y rezar bien. No basta con hablarle a Dios; hay que escucharlo en lo profundo del alma, dejando que sus palabras, acogidas en silencio, alumbren luces nuevas en nuestro interior. Cuando se lee así el Evangelio, surgen propósitos, afectos, inspiraciones que son fruto de la acción del Espíritu.

Y, después, muchas veces tendrás que contrastar esas luces en la dirección espiritual, para que el sacerdote te confirme que vienen de Dios.

En tercer lugar, tendrás que entregar la vida para cumplir esos designios amorosamente alumbrados en tu alma. Y serás hermano, hermana y madre de Cristo.

(TOP16M)

Búscalo mejor en el silencio

Hay quien pide por necesidad, y quien pide por vicio. A Jesús le pidieron milagros muchos enfermos, endemoniados y afligidos que estaban necesitados de sanación y consuelo. Pero también le pidieron milagros los escribas y fariseos sin otro afán que el de retarle:

«Maestro, queremos ver un signo tuyo». Él les contestó: «Esta generación perversa y adúltera exige una señal; pues no se le dará más signo que el del profeta Jonás. Tres días y tres noches estuvo Jonás en el vientre del cetáceo: pues tres días y tres noches estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra».

Piden ruido, y Jesús les ofrece silencio. Piden lucimiento, y Jesús les ofrece el ocultamiento de Jonás. Si Jesús hizo ruido, fue a su pesar. No quiso ser nombrado rey, pidió a muchos curados que guardaran silencio ante el pueblo, procuró actuar en las afueras de las ciudades, y buscó lugares apartados para orar a solas a su Padre.

No seas «milagrero». Ten fe. Ojalá no tengan que acusarte los ninivitas, ni la reina del Sur. Ojalá aprendas a encontrar al Señor en el silencio, y en esa sabiduría que sólo se descubre en las profundidades de la muerte.

(TOP16L)

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad