Evangelio 2022

16 julio, 2022 – Espiritualidad digital

La extraña pareja

Entre Marta y María, estoy dividido. Porque mis vísceras se abrazan a Marta.

Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me eche una mano.

¡Pobrecilla! Se está deslomando, mientras su hermanita está tan tranquila, sentada, escuchando a Jesús. ¿Habéis visto la película «La extraña pareja»? Yo viví unos años con un compañero, y la clavábamos. Me afanaba en la limpieza y en la cocina mientras él rezaba. Le gritaba: «¿Puedes ir a por sal a la tienda, que se nos ha acabado?». Y él, desde su habitación, me respondía: «Es que estoy rezando». Como para abrirse las venas.

María, pues, ha escogido la parte mejor. Las vísceras se quejan, pero el alma lo entiende. Si deposito una tonelada de pan sobre el altar, y no la consagro, será sólo pan. Una miga consagrada vale infinitamente más. Así es quien trabaja y trabaja, pero no reza. Y quienes dicen: «¡Si yo estoy rezando todo el día!», son los que menos rezan, porque nunca se sientan.

Querida Marta: Ya sé que te acuerdas de Dios mientras friegas. Pero nunca te sientas. Siéntate, por favor. Al menos media hora al día. Y, después, ¡a fregar!

(TOC16)

Mira, escucha, contempla

Cuando Cristo se transfiguró ante Pedro, Santiago y Juan, la voz del Padre fue un eco de la que se oyó sobre el Jordán: Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco (Mt 17, 5). Pero, después, añadió algo que no había dicho entonces: Escuchadlo.

Hoy san Mateo, ante los efectos de la predicación de Jesús, recuerda unas palabras del profeta Isaías que parecían el anticipo de aquella voz: Mirad a mi siervo, mi elegido, mi amado, en quien me complazco.

Isaías dijo: Miradlo. El Padre dijo: Escuchadlo. Y ambos se referían a la misma persona, a Cristo.

¿Acaso hay otra cosa que hacer en la vida salvo mirar y escuchar a Cristo? Me dirás que hay mucho trabajo, que hay mucho bien por hacer, que es preciso cumplir la misión que Dios nos ha asignado… Y yo te respondo que sí, que tienes razón, que soy el primero en gritar que no basta rezar si la vida no se mueve. Pero también te recordaré que cualquier movimiento que no hagas con la mirada puesta en Cristo y el oído atento a su palabra es sólo bullicio.

Si el movimiento te impide contemplar, muévete menos… o reza más.

(TOP15S)

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